Mi primer viaje erasmus fue a Tallin. Fuimos un grupo de 14 personas entre Francia, Suiza, Inglaterra, Italia, Alemania, Polonia y Rep. Checa. En pie a las 7 para coger el ferry.
Lo que debería ser un crucero tranquilo de 9 a 11 de la mañana con la gente durmiendo, fue un auténtico crucero finés. Estaba todo el mundo pidiendo una cerveza tras otra en la discoteca, borrachos bailando...Pero no sólo jóvenes, es que al bajarnos del crucero vimos abuelas dando tumbos. No olvidemos que la mayoría de gente coge este ferry para llenar carros y carros de alcohol en Estonia, ya que en Finlandia es muy caro. Pero si este es así no quiero ni imaginar como será ese nocturno que tiene tanta fama entre Helsinki y Estocolmo. Yo me eché a dormir, a esa hora prefiero un puñetazo que una cerveza. Dos o tres horas después...Tallin a la vista!
Axelle había encontrado un hostal por 7€ la noche. Cuando llegamos asustaba un poco, era una casa del Far West, pero por dentro estaba nuevo. Había sala de televisión, de ordenadores, cocina común, étc.

A patear Tallin! Es una ciudad con un casco antiguo increíble; ni Stallin, Breznev y compañía consiguieron robarle su espíritu medieval. Además toda terraza o puesto turístico se mimetizan con el ambiente, incluso los camareros y vendedores están vestidos de juglares, arqueros, étc. El euro no entra hasta el 1 de enero, así que tuvimos que cambiar en coronas. Es una ciudad muy barata, con 30€ pude comer, merendar, cenar, tomar unas cervezas y comprar algún souvenir. Utilizando el indicador económico internacional: el menú Big Mac costaba 3,5 €. Para nosotros, venidos de Helsinki, fue una bendición. Sin embargo, no es típico país del este como yo me lo esperaba. No ves pobreza, ni casas ni coches hechos una porquería. Era tan normal como cualquier otro país, aunque también hay que tener en cuenta que no nos salimos mucho de la zona turística. De la gente no diré que fueron simpáticos precisamente.
Aunque me quedé sin batería en el momento menos oportuno y mi cámara está resultando una porquería, ahí van unas fotos:
Aquí teneis unos nativos bailando el pericote de la zona.
Momento del viaje: cuando Andrés y yo entramos en un supermercado y vimos lentejas, eso que en Finlandia no existe. Nos fundimos en un abrazo, gritamos, reímos, lloramos...Dos paquetes por cabeza.
Os presento a este horrible peluche bautizado como Manolo Torero. Axelle lo cogió el otro día en un concierto cuando lo tiró el cantante. Va a ser como el gnomo en Amelie, tendrá fotos en todos nuestros viajes erasmus. También sale de noche, bebe cerveza y las estonias se le daban bien, todas querían una foto con él.
Tras un duro día, Manolo, como buen torero, también necesita una siesta.
De noche salimos pero las discotecas estonias no nos convencían, además de ser carísimas. Así que optamos por la zona de pubs. Un portero me dijo que si era español, porque era igual que Casillas jojojojo. Lo pasamos como canijos en el pub, donde, por supuesto, había unos 10 españoles. Hablar español en un bar en Estonia significa tener a tres estonias delante tuyo bailando en todo momento, eso si no se sientan directamente a tomar una cerveza contigo.
Presentaciones: este que véis en la foto y que ya os sonará es Andrés, un alma gemela llegada de Valencia.
Todavía me estoy preguntando cómo supe guiar a éstos al hostal, que estaba en la otra punta, por la noche sin perdernos lo más mínimo.
Vuelta a Helsinki, el domingo a las 4. Esta vez en un crucero más tranquilo y con un poco más de peso en la maleta. Ya nos darán la llave de la ciudad y nos acompañará el presidente del gobierno a despedirnos otro día Andres.