jueves, 28 de abril de 2011

La cabaña de Teemu II

Si algún día, después de este erasmus, pudiera tener la oportunidad de ser tutor de los erasmus que venga a España, no lo dudaría ni un segundo. Y tendría por ejemplo a seguir a Teemu, que una vez más ha demostrado ser el mejor tutor de Helsinki invitándonos a pasar otro fin de semana increíble en la cabaña de su familia. Situada en un entorno privilegiado y con una puerta trasera que da a la mismísima orilla del río, hemos disfrutado de otro gran fin de semana de barbacoas, cartas, sauna, hogueras, guitarra y paseos por el bosque.

La verdad es que este fin de semana tranquilo no da para escribir grandes aventuras, todo puede quedar bien descrito con las fotos que sacamos. Aunque más bien me parece a mi que, tras ocho meses aquí, ya doy por hecho muchas cosas que al llegar me sorprendían.

A lo largo del fin de semana fueron desfilando muchas personas por aquella cabaña. Estuvieron los mismos amigos de Teemu que vinieron la otra vez y los erasmus que, salvo Kati y yo eran casi todos alemanes y nuevos. Y ojito! Por primera vez he sido el único español en un viaje de esto, cosa rara por aquí. Me gustó que los fineses fueran mayoría, ya que le aportan un carácter diferente y más auténtico a estas experiencias. Le dan ese ritmillo suyo de empezar a abrir las cervezas a las doce de la mañana y ya no parar hasta caer groguis.
Kati y yo, los veteranos de este finde erasmus. Pasamos un gran rato con Teemu en la sauna rememorando batallitas del primer cuatrimestre y de viejos amigos que ya se fueron.
Hubo desayunos al sol.
Teemu y su vaso de agua mañanero

Jugamos una y otra vez al mölkky, típico juego finés que, aunque parezcan los bolos, tienen poco en común.

Deambulamos por el bosque y asaltamos los columpios de la escuela.

Jugamos al poker con el solecito de la tarde

Hicimos barbacoas
Los alemanes tienen por tradición de Pascua hincharse a chocolate, así que vinieron bien cargados. Nos hemos puesto las botas.

Jugamos al Speed Jungle, o el juego más adictivo que he probado en mi vida

La sauna volvió a ser una de las más abrasadoras que he probado en mi vida. Tenía una estufa de las tradicionales, calentada con madera durante toda la tarde, a la vieja usanza. Volvieron a entonar sus cánticos, esos con los que al final de cada frase le echan un cazo de agua a las piedras. Ya no es que te duelan los dedos y no puedas abrir los ojos, es que sentías como tu espalda se abrasaba. En una de esas, cuando la sauna estaba más sofocante, entró Teemu con una botella que aún tenía el precinto, echó el pestillo a la puerta y dijo algo así como: "De aquí no se va ni Dios hasta que esta botella esté vacía". Jaja están locos estos fineses.

Cantarles a todos los fineses la Canción de Cornelio Pérez casi me provoca la asfixia.

Esta vez no pudimos bañarnos en el río, ya que la corriente se podía llevar un autobús. No os imagináis lo que creció ese río desde que estuve aquí la última vez, las escaleras traseras daban directamente al agua. El deshielo aquí es brutal.

Otros juegos fueron el flipping cup y la Spanish pyramid, auténtico icono desde el viaje a Laponia.

Sólo para que quede en el recuerdo: En el punto álgido de la noche Teemu dijo "Este es el momento que llevo meses esperando para poner este cd". Y se sacó un disco con hits de los 70's que revolucionó totalmente a la tropa. Village people, ABBA, Gloria Gaynor...Las fotos de gente bailando encima de la mesa con sombreros de cowboy y cascos de obrero mejor que queden en secreto.

Y para cerrar el fin de semana, las canciones con la guitarra junto a la hoguera. Vaya cracks que eran los fineses, se acordaban de casi todas las que había tocado la última vez y me daban ideas cuando me quedaba en blanco. Fue un auténtico momento erasmus, con las quince personas reunidas junto al calor del fuego, que mantenía ese carácter hipnotizador y hacía a tu mente viajar por los distintos grandes momentos que estás viviendo aquí. Oasis, Beatles, Red Hot Chili Peppers, Rolling Stones, The Kooks, MGMT, The Mamas and the Papas...Y unos bises increíbles. Volvió a sonar el Sweet Home Finlandia, pero esta vez la gente se arrancó a improvisar frases en el estribillo, una tras otra, la conexión fue genial. Y para acabar, un Knocking on heaven's door que nunca se acababa y que, junto a la armónica blues nos dejó en un estado de...


PD: Ya tengo billete de vuelta a España. El 25 de mayo mi erasmus será Game over. Me queda menos de un mes.

viernes, 22 de abril de 2011

Finales de copa y concursos de cocina

Helsinki ha entrado por la puerta grande de la primavera. Ya se derritió toda la nieve y parece una ciudad completamente nueva. Poco queda de esas avenidas prácticamente vacías en contraste con centros comerciales donde no cabía un alfiler. Las calles de Helsinki son un hervidero de gente que ha vuelto a tomar la ciudad para disfrutar del sol y los días largos. Junto a ellos, han aparecido decenas de terrazas por todos los barrios de la ciudad donde poder pasar la tarde jarra de cerveza en mano. Pero aun dista mucho de parecerse a España. Ayer vi el solecito, los 13ºC que marcaba Google y me confié saliendo a dar una vuelta sin bufanda...Hoy tengo la garganta echa mierda.
Mikael Agricola's Day
Fueron dos semanas en las que me metieron caña de la buena en la universidad. Pero ya pasó. Tras tres presentaciones, cinco trabajos y un examen, mi curso en Helsinki está prácticamente acabado, sólo me quedan tres clases la semana que viene en las que la suerte ya está echada.

Cuando llegué destrozado de Laponia a las 7 de la mañana, abrí el Facebook y me encontré con un privado de una amiga francesa diciendo que nos habían mandado hacer un trabajo bastante duro y presentarlo en clase a los dos días. Pufff...Dormí dos horas y en pie para ir a la uni a ver de qué iba aquello.

Cuando fui a coger la bici...Qué guay, algún desaprensivo cabrón me había destrozado la rueda delantera y así otras tres bicis más. Mucho Helsinki, pero esa bici no dejaba de estar junto a una residencia erasmus. En fin, llegué calentito y me topé con una pesadísima sentencia de cuarenta páginas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Al menos esta vez me tocó lo fácil. Imaginaos que unos gitanos compran una parcela en un cinturón verde de la ciudad, declarado zona protegida, y deciden plantar allí su caravana. Ese día me tocaba echarlos, y vaya si los eché. Si me pillan en un día tan rebotado como el que tuve, juro que lo de abogado cabrón sin escrúpulos se me da mejor que nadie. A la puta calle con ellos...Ni caravanas, ni leches. Que el abuelo tenía demencia senil? Me importa un pimiento. La artritis del padre? Lo mismo. Que, de lo contrario, los niños no podrían ir al cole por la vida nómada que iban a llevar? De milagro no conseguí que los servicios sociales les retiraran la custodia a esos pobres padres. Me gusté ahí subido a la tarima contra mi compañera francesa. Casi solté un "protest" de esos que se ven en las películas americanas y que en España no existe, pero aquí como tenemos casos de Common Law...Buena terapia para liberar tensiones.

Cuando vi que, tras tres presentaciones y cuatro trabajos, todavía entraban 300 hojas para el examen de Minority Rights decidí ni imprimirlo. Cayó una pregunta que podía enlazar con lo que nos había contado aquella indígena sobre los Sami, así que tiré de labia y ahí se lo solté: que si la educación en su lengua materna, que si las ayudas del Gobierno...Si el examen hubiera sido oral le cantaba hasta la canción de los cazadores de osos. Nota: un 8! Vamos! Una menos en España. Ya sólo quedan 6 para acabar la carrera.


Más o menos hace un mes, tuve una temporada de morriña dura, no os lo voy a negar. No hacía más que ver fotos viejas y hasta me bajé un plano topográfico de Asturias para planear excursiones en verano. Sin embargo, salí de ello con el sencillo pensamiento de: ¿y por qué no les enseño esto a mis amigos de aquí? De ahí surgió una idea que ha desembocado en una semana erasmus en la que unos seis amigos entre franceses, italianos, españoles y el multinacional Manolo Torero disfrutaremos de Llanes. Espero que andéis todos por ahí y conozcáis a Axelle, Martina, Calore, Matteo, etc...La vieja escuela de este erasmus que ya son como de la familia. Haré que coincida con la Magdalena para darle carácter internacional a la fiesta de nuestro bando amigo y vean a Jaimín marcarse unos bailes como él sabe, que si llegan a venir en septiembre los saco de Llanes, a la Guía ni agua ;) jaja.
Foto "aproximada" de la expedición.
Ahora, en general, todo va muy bien. La primavera nos ha traído otros aires, nuevos sitios, mejor humor y también hemos abierto nuevos horizontes de gente. El viernes pasado tuvimos un concurso de cocina muy bien planeado por Víctor y Zuzka. Lo hicimos en la sala común que tenemos en el sótano, a la que recientemente le hemos empezado a dar mucho uso por sus sofás, futbolín y piano. A mi me avisaron media hora antes y me dijeron: "Na, tú pásate, no hace falta que traigas nada...". Ya sabéis, por más que lo intente soy nulo en la cocina.

Cada plato tenía un número y no se sabía quién lo había cocinado. Tú ibas probándolo todo y puntuando en un papelito. Al final ganó una increíble tarta belga de Joanne, el mejor postre que he probado este año sin duda.
Víctor haciendo entrega del diploma a la ganadora.
No sabéis el pique que se traen los alemanes con los españoles por la Eurocopa y sobre todo por el Mundial...Se veían tan fuertes ganando 4-0 a Argentina que aun nos tienen mucho rencor. De ahí que pidan revanchas hasta en el futbolín,
pero Álvaro y yo seguimos dejando el pabellón bien alto.

De los Madrid-Barça que prometí contar, va a hablar Perry jaja. La verdad que el miércoles fue duro. Nos volvimos a reunir dos horas antes en el bar de las teles encima de los meaderos y esta vez el bar era tan culé como merengue. Muy buena final, con momentos de infarto para ambas aficiones. Y, cambiando lo que opiné del partido de liga, esta vez sí que el Madrid jugó bien, con una buena primera parte, y tuvo más y mejores ocasiones. Me esperaba más de Pep, que no se en qué estuvo pensando los primeros 45 minutos. Y también veo una muy mala planificación de plantilla...No puedes jugar una final con Mascherano (1,71 m) de central. En fin, algún día tenía que palmar el Barça...Así, unos tienen la copa, otros la liga y todos contentos. Eso sí, sólo por la que lió Sergio Ramos en el autobús, creo que mereció la pena perder jaja. Qué personaje...Ahora bien, como el Madrid nos elimine en las semifinales de Champions a mi no me ven el pelo por Helsinki en lo que queda de erasmus!
Comprobad el buen perder que tuvimos Guiller, Andrés y yo que nos quedamos allí sentados viendo cómo Casillas levantaba la copa mientras todos a nuestro alrededor lo celebraban.
Baliñas cachondeándose de nosotros...
Espero que tengáis todos una buena semana santa, aunque me han dicho que el solecito os ha abandonado. Tenéis que compartir un poco con el resto del planeta, sabéis? Los demás también tenemos derecho. Debe ser la primera vez desde que tengo 16 años, que me pierdo una semana santa en Llanes...Pero por aquí tampoco va a estar mal, ya que me voy a pasar el finde a la cabaña de Teemu. Nuestro tutor finés repite uno de esos locos fines de semana en los que mete a veinte personas entre erasmus y fineses en su cabaña del bosque junto al río. Fichas de póker, mucha música, guitarras en torno a la hoguera, barbacoas, cervezas, excursiones por el río, sauna...Este finde promete y mucho, a la vuelta os cuento.

miércoles, 20 de abril de 2011

Elecciones en Finlandia

Voy a dividir el blog de hoy en dos para que no se os haga tan pesado, que llevaba mucho tiempo sin actualizar. Hoy escribiré un poco sobre las elecciones finlandesas y mañana ya colgaré mis ultimas andaduras por Helsinki, contando cómo se están viviendo por aquí esos geniales Madrid-Barça. Esta noche tendré que volver a ir una hora o dos antes de que empiece el partido a guardar sitio en el bar de las teles encima de los meaderos, pero todo sea por disfrutar de estos cuatro partidazos que nos han caído en gracia a los aficionados del fútbol, aunque ese catenaccio-autobús-canguelo-cuatrivote con el que juega Mourinho últimamente de fútbol tenga bastante poco (palabras de Alfredo di Stéfano) :P

Por primera vez Finlandia es primera página en todos los periódicos europeos tras los resultados de las elecciones del domingo. Estuve leyendo noticias y foros y pude comprobar la cantidad de barbaridades sobre Finlandia que se soltaban ahí. Tranquilos que por ahora no ha venido ninguna turba enloquecida con antorchas y tridentes a las puertas de nuestra residencia para echarnos a palos del país. No voy a defender ni mucho menos a un partido de extrema-derecha, pero creo que lo que ha motivado este voto ha sido el euroescepticismo, más que unos ideales radicales y, como ya dije en el post "Economías y Manolos", entiendo el euroescepticismo de los fineses. ¡Qué europeístas somos los españoles! Aquí cuando hay un referéndum sobre una Constitución europea lo aprobamos con el 77%, y eso que no tenemos ni idea de qué va! ¡Somos los putos amos del europeísmo! No nos engañemos, junto a Portugal estuvimos en el vagón de cola de la UE desde 1986 hasta 2004, 18 años en los que nos han regalado millones y millones para arreglar el país. Así cualquiera es europeo. Ahora, si nos llamaran para poner dinero y rescatar económicamente a países tan fuera de nuestra órbita y con los que tenemos tan poco en común como Letonia, seríamos tan europeos? Puede que una vez sí, pero ¿y si después de Letonia viniera Eslovaquia, y después Bulgaria? Ya me gustaría ver lo europeístas que somos en esa situación.

Pues eso es básicamente lo que ha pasado en Finlandia, tragaron con Grecia y con Irlanda, pero ya cuando llegó Portugal dijeron "eh eh, ¿qué cachondeo es este?". Yo no sé cómo os imagináis Finlandia, pero este no es un país de grandes autopistas, trenes de alta velocidad y aeropuertos faraónicos. En cuanto te alejas un poco de Helsinki tienes que circular por carreteras de curvas y ceda el paso. Ellos estaban bien antes de entrar en la UE y siguen estando bien, no han notado demasiado cambio tras su adhesión. Serán el emblema del Estado del bienestar, pero controlan mucho cómo se gasta su dinero y aquí no se llevan los grandes derroches. A un finés que se rompe el espinazo yendo a trabajar todos los días para que luego el fisco se lleve el 40% o incluso el 50% de su sueldo no le da la gana de andar salvando los muebles a gobiernos que se han endeudado hasta las cejas pensando y "el que venga después que se las apañe con estas cuentas".

En general, no creo que vaya a ser algo duradero. Finlandia tiene una opinión pública madura y cambiante, poco amiga de acomodarse en partidos de uno u otro signo, y creo que ha podido ser más un voto de castigo o de descontento hacia los actuales. No veo a los fineses racistas, o por lo menos no los veo más racistas de lo que podemos ser los españoles...Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. En mis ocho meses aquí nunca me he sentido discriminado (salvo por la cajera hijaputa de la cafetería de la uni). Al contrario, siempre han sido encantadores y se han desvivido por ayudarme.

De todas maneras, tengo que decir que no he seguido demasiado lo de las elecciones, nuevamente porque los periódicos de aquí no hay quien los entienda. Aunque sí que vi mucha propaganda electoral en las calles y candidatos repartiendo folletos. Pero no como los nuestros que se ponen a repartir, sonríen para la foto de los periodistas y llaman al coche oficial para irse a casa. He visto a este joven candidato con un chubasquero verde fosforito repartiendo sus folletos tarde sí, tarde también, en el centro de Helsinki:

Y, por cierto, había publicidad electoral muy llamativa. ¿A vosotros os parece que un candidato en España podría hacer un anuncio electoral vestido así?

A este notas en España no lo eligen ni para Concejal de festejos en Villafranca de los Barros. Pero aquí veías políticos de todo tipo: desde los clásicos con traje, pasando por un chavalillo en camiseta con unas buenas barbas e incluso me han contado que había uno que salía boxeando en la foto! Otro estilo de democracia.


Y ya aprovechando la temática, os contaré que un día leí en un periódico de Helsinki (escrito en inglés) sobre las inquietantes revelaciones sobre la política finesa que sacaron a la luz los cables de wikileaks. ¿Qué pensáis que dieron de sí? ¿Algo parecido al caso español? ¿Presiones sobre fiscales y jueces, gestiones de dudosa ética realizadas por ministros y técnicas para ganarse el favor del presidentes de gobierno o del rey? ¡Casi! Sólo contaban un par de trapos sucios: una acalorada discusión entre dos importantes hombres del gobierno finés por ver quién de los dos podía acudir a una cena con George Bush, y el otro era tan banal que ni siquiera lo recuerdo...Este país es tan asquerosamente perfecto que a veces me harta.


Hoy más que suena, se ve...Supongo que muchos hayáis visto el Informe Robinson sobre el Mundial. Yo no me canso...Si no se os ponen los pelos como escarpias y hasta se os saltan las lágrimas viendo eso, nulo sentimiento futbolístico lleváis dentro. http://www.youtube.com/watch?v=HjjqZFfVXoU

viernes, 8 de abril de 2011

Laponia y el Océano Ártico

Cuando me pongo a escribir el blog, lo que más me cuesta siempre es el primer párrafo. Hoy esa sensación es doble, nunca me ha costado tanto empezar una entrada. El segundo gran viaje del erasmus ha dejado muchas emociones fuertes, difíciles de canalizar aquí por mucha foto o mucha palabra que utilice. Me resulta casi imposible elegir qué fue lo mejor de esta semana, si el baño en el Océano Ártico, las auroras boreales, las motos de nieve, los renos...Vayamos por partes y empecemos por el principio.


30 de marzo. Un grupo de unos cuarenta erasmus se reúne en la estación de Helsinki para coger un tren nocturno hasta Rovaniemi, última ciudad de Finlandia y punto final del ferrocarril. Allí, cruzamos el Círculo Polar Ártico en un autobús que nos condujo otras cuatro horas hasta el pequeño pueblo de Inari. Total: 1.200 kilómetros hacia el norte de los nortes. Cientos y cientos de kilómetros de vías de tren y de asfalto se suceden y el paisaje no varía: bosques e inmensos lagos congelados. Tras cuatro horas mirando por la ventana y no ver más que pinos y más pinos empiezas a enloquecer.

Cuando por fin llegamos a Inari, nos repartimos en unas pequeñas cabañas con espacio para cuatro personas. Vivíamos en un camping a orillas del lago Inari, el tercero más grande de Finlandia y centro de la cultura Sami, con  1.040 kilómetros cuadrados y unas 3.300 islas. Su período de congelación va desde noviembre hasta principios de junio.
Un atardecer en el lago Inari

Bastó un paseo de diez minutos para recorrer la única calle de Inari. Te planteas cómo se puede crear una sociedad en un lugar así, tan alejado de todo, con inviernos de 40 grados bajo cero y una hora de luz diaria, donde la carretera no llegó hasta los años 60, sin agricultura. En los supermercados tienen de todo: ropa, cosas del hogar, herramientas, equipamiento de esquiar, étc. Hicimos una buena compra con víveres suficientes para toda la semana y cerveza para un regimiento.

Tras una deliciosa primera cena donde probamos auténtico reno de Laponia, llegó la sauna y la fiesta en las cabañas. La sauna era mixta y la mitad de gente optó por tomarla desnudos al más puro estilo finlandés. Pero la mentalidad era erasmus: a veces estabas tomando una cerveza de noche junto a la ventana y veías pasar gente corriendo en pelotas y gritando después de una buena sesión. Nos pasamos una tarde intentando hacer un agujero para bañarnos en el lago pero era imposible, había una capa de un metro de hielo que no había manera de romper. Cada cabaña tenía su rollo, pero yo me pasé todas las noches en la cabaña de Malte, Anna, Sebastian y Jeroen. Tres alemanes y un belga que junto a Matteo y a mi hemos sido el grupillo en Laponia.

Cuando daban las doce era hora de ponerse todas las capas de ropa que pudieras y salir a buscar auroras boreales. Para ello, te adentrabas un buen cacho en el lago y allí te sentabas a esperar si había suerte. No tengo ni idea de por qué lío de protones y neutrones se causan, pero lo principal para verlas es que el día esté despejado. El primer día no tuvimos suerte, pero poco importó. Te ves en la mitad de la noche caminando por un inmenso lago en pleno Círculo Polar y la sensación ya de por sí es increíble.


El segundo día llegó la actividad más esperada: el viaje a la costa del Océano Ártico, en Noruega. Nos llevó cuatro horas de autobús por las precarias carreteras que atravesaban aquellos paisajes imposibles. Montañas, por primera vez en Finlandia veía montañas! Teníamos un guía que nos iba contando particularidades de aquella zona. La carretera transcurría paralela al río Teno, frontera entre Finlandia y Noruega, que cuando se descongela en primavera está plagado de salmones. A los márgenes veías alguna granja de renos y pasamos cerca de un pueblo donde se celebran famosas ferias de ganado y los Sami iban a intercambiar piezas. Hacía poco se había corrido por allí una famosa carrera de trineos de huskies cuyo recorrido era ni más ni menos que de mil kilómetros.

Una vez cruzamos la frontera noruega, lo primero que me dejó sin aliento fue girar una curva y ver un fiordo. Es algo espectacular, ves cómo una lengua de mar se cuela por el estrecho espacio que le dejan las escarpadas laderas de dos montañas. Más tarde, por fin nos vimos circulando por una carretera que transcurría paralela al Océano Ártico, concretamente al mar de Barents. Era una costa muy abrupta, me recordaba en cierto modo a la Costa da Morte, sólo que aquí sientes que estás en el verdadero fin del mundo. Se veían cabañas volcadas por los huracanados vientos que soplan a veces por estas latitudes y el bus tuvo que parar una vez porque un grupo de renos salvajes estaba cruzando la carretera. Se veían más motos de nieve que coches.
 





Sin embargo, a la vez que estás alucinando con todo aquello, yo estaba acojonado viendo esas aguas y pensando que había que bañarse ahí sin una saunita antes. ¿Quién sería el primer guía turístico loco al que se le ocurrió algo así? Cada cartel indicando menos kilómetros a Pykeija era una gota más de sudor frío, aquella carretera fue un verdadero vía crucis para mi. Cuando me bajé del bus y vi la playa donde nos íbamos a pegar el calumbín me dio un vuelco el estomago, mi miedo no tenía límites. La temperatura (-2ºC) era aceptable para por aquí, en Helsinki me había bañado casi a -15ºC, pero no podía quitarme de la cabeza el hecho de que aquello era el Océano Ártico! Ahí enfrente tenía que haber icebergs, focas y osos polares. Os pongo unos mapas para que veáis que estábamos a la misma latitud que Groenlandia!

Pykeija era el típico pueblo pesquero de Noruega, con sus casas de madera pintadas de distintos colores de entre las que sobresalía la torre de una iglesia nórdica. En las calles no había un trozo de acera que no estuviera cubierta de hielo y no se veía un alma. Si vivir en Inari era una locura, esto ya no tenía nombre.
Calentando motores para el chapuzón con Matteo.
Bajamos a la playa y, sin pensarlo dos veces, todos y absolutamente todos los erasmus nos calzamos un bañador y echamos a correr como almas que llevaba el diablo hacia aquel mar. Jamás me habría imaginado que todos se atreverían a hacerlo, chicos y chicas, del norte y del sur, ingenieros e hitoriadores...Todos como putas cabras. Fue sencillamente increíble.

Importante:  una foto de este momento no nos parecía suficiente a Matteo y a mi, así que hicimos el vídeo más grande que verá este erasmus. http://www.youtube.com/watch?v=ymfExgpc-8o
Atención al color de mis pies hipotérmicos. ¡¡Amputación!!

Después de este baño tuve un momento erasmus que no había vuelto a tener desde Rusia. Aquella sensación que me entró cuando me vi navegando en un Ferry por el Báltico hacia San Petersburgo. Yo, que hace un año era un estudiante normal de universidad que incluso dudó si aceptar Helsinki como destino y me veía ahora, sentado a orillas del Océano Ártico, con el pelo lleno de salitre y en el punto de la tierra más al norte que vaya a visitar en mi vida, rodeado de ni se cuántos amigos provenientes de ni se cuántos países...Me emocioné mucho, era incapaz de asimilar aquello. Es un momento que hay que vivir, es el momento en el que la pregunta de si recordaría éste como el mejor año de mi vida quedó definitivamente resuelta.

Bacalaos secando en un tendal

Mi cabaña de pescador









El tercer día llegó el turno de los renos en la granja de una familia sami. Estuvimos dándoles de comer, sin embargo el reno no es un animal al que le guste ser acariciado. La dueña nos explicó que es porque tienen una capa de aire caliente bajo el pelaje y que al tocarlos, este aire se expulsa, de modo que les fastidias su sistema de calefacción. No es broma, uno casi me mete un cuerno por el ojo cuando lo toqué.
¡Más cerca del Polo Norte que de Madrid!

Después fuimos a una cabaña sami y nos hablaron alrededor del fuego y con café caliente de su cultura, de su historia e incluso la mujer nos cantó sus canciones tradicionales. Los sami son los indígenas que habitan en el norte de Noruega, Finlandia y Suecia y que se dedican principalmente a la cría de renos y a la pesca. Como todos los pueblos indígenas, ven la naturaleza como algo prácticamente divino y le profesan un enorme respeto. Sus canciones eran sobre árboles, ríos, fuegos y cazadores. El Inari también es llamado el mar sami, ya que en sus orillas se aglutinan las tres distintas nacionalidades sami, cada una con una lengua muy diferente de las demás. He estudiado algo sobre ellos en la universidad y son un pueblo protegidísimo por el gobierno, que favorece su existencia con muchas leyes ventajosas e incentivos económicos. En Inari, por ejemplo, sus hijos tienen derecho a recibir educación en cualquiera de las tres lenguas samis. Me encantó la atmósfera de aquella cabaña y de la mujer cantando canciones sobre cazadores de osos alrededor del fuego.
El sami dueño de la granja me da indicaciones en su incomprensible idioma sobre cómo coger a lazo un reno

Sin embargo, no se qué porcentaje tendría aquello de antropología y qué porcentaje tendría de turismo. Como en todos los sitios, aquí también llegó el turismo ridículo, por ejemplo darte un carné de conductor de trineos con reno si pagabas los 15 euros por cinco minutos que duraba aquello. Al sami le encantaban las espadas y tenía una colección en la pared de su cabaña de souvenirs. Cuando le pregunté de dónde era la española, esperando oír Toledo o algo por el estilo, me quedé a cuadros cuando me dijo que de Canarias. Canarias, gran tierra de gestas y batallas medievales sí sí...Parece que los super indígenas samis también se quitan el mono de trabajo y se van de vacaciones a tostarse al sol de Tenerife.

Por la tarde llegó otro de los mejores planes del viaje: las motos de nieve. Esas máquinas son verdaderas bestias. Te subes en ella y empiezas a rodar por el Inari, que de lago no tiene nada, es más una inmensa explanada blanca tentándote a que aceleres a fondo y te dejes llevar por la sensación de velocidad.
Foto de gallu gallu
En la inmensa nada del Inari

Aunque el guía no nos dejó pasar de 80 km/h, el límite oficial de velocidad, era alucinante cómo se movía aquello. Nunca he conducido nada parecido. Ibas por un lago, bajo una ventisca que hacía imposible distinguir donde acababa la tierra y empezaba el cielo, a muchos kilómetros de cada orilla y te producía una sensación de velocidad y libertad que Matteo y yo no pudimos evitar gritar a todo pulmón todo himno rockero que se haya escrito al motor. Desde el Born to be Wild de Steppenwolf, hasta Thunder Road o Born to Run de Bruce Springsteen.

A mitad de la ruta paramos en medio del lago y tomamos un zumo caliente y unas galletas mientras nuestro guía, el finés más finés que he conocido, ya podía contarte que la máxima velocidad a la que había ido eran 180km/h o que ese día había desayunado cola cao, que su tono de voz no variaba una pizca. En una de esas pasaron por ahí dos motonieves policía. El guía nos contó que había varias patrullas que recorrían el lago y se encargaban de vigilar que se cumpliesen los límites de velocidad y de alcohol en sangre.

Después de las motos, hacer un agujero en la gruesa capa de hielo y a pescar! Aunque parezca mentira, con la mierda de caña que nos dieron, hubo un chico que consiguió pescar un pez, pero nada de esos salmones de quince kilos de los que nos hablaba el guía, sino un pezqueñín que devolvimos al lago. Revivimos el momento El Padrino, cuando Fredo reza un Ave María pescando en el lago tras lo que Al le vuela la cabeza :)

Por la noche, la rutina de siempre: sauna, fiestas en las cabañas y a la caza de las auroras boreales. Tampoco hubo suerte, pues el cielo estaba muy nublado, pero sirvió para demostrar lo aclimatado que estoy al país. Había cansancio y lo de esperar era un poco aburrido, así que me eché una buena cabezadita en la nieve a -5ºC. Si aparecen las auroras, despertadme.

El cuarto día puedo decir que fue un coñazo. Me había olvidado la cartera donde las motos y no me apetecía pedir prestada tanta pasta para pagar los huskies, así que simplemente me quedé con Sebastian, Anna y Petra en la cervecería del pueblo. Nuestra mañana se puede resumir en esto:

Las cartas han sido nuestras mejores amigas durante esta semana, ya que nos han ayudado a matar muchos momentos, además de que hemos demostrado ser unos cracks en lo de inventarnos juegos. There goes Yogui Bear, pirámide mentirosa, spanish pyramid, fuckable, Anna's choice, Anna's game, the liar (el mentiroso), the sweeper (la escoba), continental, pim pam pum, the animals, castillo de naipes...Menudo repertorio.

De todos modos, si algún día tenéis oportunidad de conducir un trineo tirado por huskies, me han dicho que son una pasada. Naturaleza en estado puro. La verdad es que la oferta de actividades que tienes es increíble. Además de lo ya dicho, puedes ir a esquiar, conducir karts o un Porsche sobre hielo, cursos de supervivencia y una que me pareció una pasada: ser copiloto de coche de rally por las pistas cubiertas de nieve y los lagos congelados. 

Lo bueno del día fue que me compré mi ansiado cuchillo sami, el único recuerdo material que me quiero llevar de Finlandia. Lo busqué con mucho cuidado y por varias tiendas. No quería un cuchillo cualquiera, había uno concreto en alguna estantería de Laponia que me estaba esperando. Esa misma tarde lo consagré, al atardecer, sobre las aguas heladas del Inari. Deja su tierra natal para acompañarme en mis excursiones por las montañas asturianas.
Patinando por el lago
La cosa pintaba bien el último día para ver auroras boreales, el cielo estaba completamente despejado
El campamento erasmus tenía una gran vidilla nocturna como podréis imaginar. Si hubiéramos juntado todas las latas de cerveza que se consumieron allí, creo que los mil kilómetros cuadrados del Inari se habrían quedado cortos. Lapin Kulta y Foster's fueron unas grandes aliadas en Laponia. A su vez, disfruté de unas cenas deliciosas de la mano de Matteo, mi cheff de Florencia. Un maestro de la pasta
La Biblia de la cabaña y aquel "We've run out of toilet paper"
Voy a saltarme el orden cronológico para hablaros de la visita a Papá Noel y dejar las auroras  para el final. De vuelta en Rovaniemi pudimos visitar al auténtico Santa Claus. Y eso es todo jeje. Entramos en su salón, nos dijo que llevaba todo el día esperando jou jou jou, nos sacamos la foto que nadie quiso comprar y fuera...La verdad es que era bastante patético el sitio, decorado muy a lo finlandés. La entrada era más propia de una casa del terror y nada más salías de estar con Papá Noel te encontrabas con un gris outlet de utensilios de cocina :S
Al menos me hice esta foto cutre, para llevarme algún recuerdo
Cruzando el círculo polar ártico con Anna y Manolo

Corría la última noche y había tensión entre los componentes de la expedición. Nos lo jugábamos todo a una carta: O veíamos auroras boreales o nos iríamos a Helsinki con un gran vacío. Aunque el viaje había sido increíble, todo el mundo te habla de las auroras boreales de una manera que ir a Laponia y no verlas habría supuesto una gran decepción.

Dejamos que anocheciera tranquilamente, resguardándonos en el calor de la cabaña. Cuando salimos sobre las 12 de la noche y nos adentramos en el lago, allí estaban, dejando a cualquiera sin palabras. Me pasé los 1.200 kilómetros de viaje de vuelta con mi cuadernillo en mano pensando cómo describir algo así y fui incapaz de avanzar una línea. El cielo estaba plagado de unas estelas formadas de algo que parecía neblina, polvo de estrellas, y que se movían cambiando de forma y de color. Pasaban lentamente del verde al blanco, para volverse amarillas casi sin que fueras capaz de percibirlo y, a continuación, volver a ser verdes. Sin moverse de su sitio, se balanceaban de arriba a abajo, se enredaban, creaban un pequeño rizo. No era algo que vieras ocurrir a lo lejos, las auroras boreales invadían todo el cielo, estaban encima tuyo. A veces, con su movimiento, parecía que te fueran a caer encima, parecía que extendiendo la mano pudieras llegar a jugar con aquel gas de colores entre tus dedos, como cuando ves un espectáculo de fuegos artificiales y da la impresión de que alguna de las luces está a punto de llegar al suelo. Fue la cosa más hermosa que vi en mi vida. Era algo que se escapaba a la belleza de otros fenómenos naturales a los que ya estamos acostumbrados, como las olas, las puesta de sol o las nubes de algodón a las que te gusta encontrarles parecidos. Era sencillamente un fenómeno que nuestra mente no es capaz de asimilar. Cuando consideraron que ya nos habían deleitado lo suficiente, se esfumaron sin decir a dónde iban, mientras nosotros seguíamos mirando al cielo boquiabiertos, aun sobrecogidos por todo aquello.

Una tal Ovejero me dijo allá por agosto que cuando viera auroras boreales le contara qué era lo que había sentido, ya que a cada persona que las veía le creaban unos sentimientos distintos y sólo entonces me contaría qué fue lo que ella sintió. Para mi fue una experiencia metafísica, me atrevería a decir. Pensé en cómo partiendo de un big bang, un planeta puede llegar a reunir seres que respiran, comen y tienen un corazón que late, a la vez que océanos, montañas y esos espectros verdes que tenía delante. La cabeza no me daba para comprender cómo en tan poco continente, tan inmenso contenido. ¿Cuántos intentos ha tenido que haber por el camino? ¿Cuántos otros planetas han estado a punto de tener algo así y, en el último momento, falló un número en la ecuación y todo se fue al garete? ¿Puede ocurrir algo así por verdadera casualidad? No creo que existan samis que no crean en su religión de culto a la naturaleza. Si a mi de pequeño me llevaran a un lago y me enseñaran algo como las auroras boreales, sería devoto de por vida. Tienen algo definitivamente divino.

Si ahora mismo me preguntaran sobre la cosa que creo que toda persona tiene que hacer antes de morir, diría que ver una aurora boreal. No se me ocurre que pueda haber una última voluntad mejor. Y si algún día lo hacéis, recordad este blog y contadme qué fue lo que sentisteis.