Cuando me pongo a escribir el blog, lo que más me cuesta siempre es el primer párrafo. Hoy esa sensación es doble, nunca me ha costado tanto empezar una entrada. El segundo gran viaje del erasmus ha dejado muchas emociones fuertes, difíciles de canalizar aquí por mucha foto o mucha palabra que utilice. Me resulta casi imposible elegir qué fue lo mejor de esta semana, si el baño en el Océano Ártico, las auroras boreales, las motos de nieve, los renos...Vayamos por partes y empecemos por el principio.
30 de marzo. Un grupo de unos cuarenta erasmus se reúne en la estación de Helsinki para coger un tren nocturno hasta Rovaniemi, última ciudad de Finlandia y punto final del ferrocarril. Allí, cruzamos el Círculo Polar Ártico en un autobús que nos condujo otras cuatro horas hasta el pequeño pueblo de Inari. Total: 1.200 kilómetros hacia el norte de los nortes. Cientos y cientos de kilómetros de vías de tren y de asfalto se suceden y el paisaje no varía: bosques e inmensos lagos congelados. Tras cuatro horas mirando por la ventana y no ver más que pinos y más pinos empiezas a enloquecer.
Cuando por fin llegamos a Inari, nos repartimos en unas pequeñas cabañas con espacio para cuatro personas. Vivíamos en un camping a orillas del lago Inari, el tercero más grande de Finlandia y centro de la cultura Sami, con 1.040 kilómetros cuadrados y unas 3.300 islas. Su período de congelación va desde noviembre hasta principios de junio.
| Un atardecer en el lago Inari |
Bastó un paseo de diez minutos para recorrer la única calle de Inari. Te planteas cómo se puede crear una sociedad en un lugar así, tan alejado de todo, con inviernos de 40 grados bajo cero y una hora de luz diaria, donde la carretera no llegó hasta los años 60, sin agricultura. En los supermercados tienen de todo: ropa, cosas del hogar, herramientas, equipamiento de esquiar, étc. Hicimos una buena compra con víveres suficientes para toda la semana y cerveza para un regimiento.
Tras una deliciosa primera cena donde probamos auténtico reno de Laponia, llegó la sauna y la fiesta en las cabañas. La sauna era mixta y la mitad de gente optó por tomarla desnudos al más puro estilo finlandés. Pero la mentalidad era erasmus: a veces estabas tomando una cerveza de noche junto a la ventana y veías pasar gente corriendo en pelotas y gritando después de una buena sesión. Nos pasamos una tarde intentando hacer un agujero para bañarnos en el lago pero era imposible, había una capa de un metro de hielo que no había manera de romper. Cada cabaña tenía su rollo, pero yo me pasé todas las noches en la cabaña de Malte, Anna, Sebastian y Jeroen. Tres alemanes y un belga que junto a Matteo y a mi hemos sido el grupillo en Laponia.
Cuando daban las doce era hora de ponerse todas las capas de ropa que pudieras y salir a buscar auroras boreales. Para ello, te adentrabas un buen cacho en el lago y allí te sentabas a esperar si había suerte. No tengo ni idea de por qué lío de protones y neutrones se causan, pero lo principal para verlas es que el día esté despejado. El primer día no tuvimos suerte, pero poco importó. Te ves en la mitad de la noche caminando por un inmenso lago en pleno Círculo Polar y la sensación ya de por sí es increíble.
El segundo día llegó la actividad más esperada: el viaje a la costa del Océano Ártico, en Noruega. Nos llevó cuatro horas de autobús por las precarias carreteras que atravesaban aquellos paisajes imposibles. Montañas, por primera vez en Finlandia veía montañas! Teníamos un guía que nos iba contando particularidades de aquella zona. La carretera transcurría paralela al río Teno, frontera entre Finlandia y Noruega, que cuando se descongela en primavera está plagado de salmones. A los márgenes veías alguna granja de renos y pasamos cerca de un pueblo donde se celebran famosas ferias de ganado y los Sami iban a intercambiar piezas. Hacía poco se había corrido por allí una famosa carrera de trineos de huskies cuyo recorrido era ni más ni menos que de mil kilómetros.
Una vez cruzamos la frontera noruega, lo primero que me dejó sin aliento fue girar una curva y ver un fiordo. Es algo espectacular, ves cómo una lengua de mar se cuela por el estrecho espacio que le dejan las escarpadas laderas de dos montañas. Más tarde, por fin nos vimos circulando por una carretera que transcurría paralela al Océano Ártico, concretamente al mar de Barents. Era una costa muy abrupta, me recordaba en cierto modo a la Costa da Morte, sólo que aquí sientes que estás en el verdadero fin del mundo. Se veían cabañas volcadas por los huracanados vientos que soplan a veces por estas latitudes y el bus tuvo que parar una vez porque un grupo de renos salvajes estaba cruzando la carretera. Se veían más motos de nieve que coches.
Sin embargo, a la vez que estás alucinando con todo aquello, yo estaba acojonado viendo esas aguas y pensando que había que bañarse ahí sin una saunita antes. ¿Quién sería el primer guía turístico loco al que se le ocurrió algo así? Cada cartel indicando menos kilómetros a Pykeija era una gota más de sudor frío, aquella carretera fue un verdadero vía crucis para mi. Cuando me bajé del bus y vi la playa donde nos íbamos a pegar el calumbín me dio un vuelco el estomago, mi miedo no tenía límites. La temperatura (-2ºC) era aceptable para por aquí, en Helsinki me había bañado casi a -15ºC, pero no podía quitarme de la cabeza el hecho de que aquello era el Océano Ártico! Ahí enfrente tenía que haber icebergs, focas y osos polares. Os pongo unos mapas para que veáis que estábamos a la misma latitud que Groenlandia!
Pykeija era el típico pueblo pesquero de Noruega, con sus casas de madera pintadas de distintos colores de entre las que sobresalía la torre de una iglesia nórdica. En las calles no había un trozo de acera que no estuviera cubierta de hielo y no se veía un alma. Si vivir en Inari era una locura, esto ya no tenía nombre.
| Calentando motores para el chapuzón con Matteo. |
Bajamos a la playa y, sin pensarlo dos veces, todos y absolutamente todos los erasmus nos calzamos un bañador y echamos a correr como almas que llevaba el diablo hacia aquel mar. Jamás me habría imaginado que todos se atreverían a hacerlo, chicos y chicas, del norte y del sur, ingenieros e hitoriadores...Todos como putas cabras. Fue sencillamente increíble.
Importante: una foto de este momento no nos parecía suficiente a Matteo y a mi, así que hicimos el vídeo más grande que verá este erasmus. http://www.youtube.com/watch?v=ymfExgpc-8o
| Atención al color de mis pies hipotérmicos. ¡¡Amputación!! |
Después de este baño tuve un momento erasmus que no había vuelto a tener desde Rusia. Aquella sensación que me entró cuando me vi navegando en un Ferry por el Báltico hacia San Petersburgo. Yo, que hace un año era un estudiante normal de universidad que incluso dudó si aceptar Helsinki como destino y me veía ahora, sentado a orillas del Océano Ártico, con el pelo lleno de salitre y en el punto de la tierra más al norte que vaya a visitar en mi vida, rodeado de ni se cuántos amigos provenientes de ni se cuántos países...Me emocioné mucho, era incapaz de asimilar aquello. Es un momento que hay que vivir, es el momento en el que la pregunta de si recordaría éste como el mejor año de mi vida quedó definitivamente resuelta.
| Bacalaos secando en un tendal |
El tercer día llegó el turno de los renos en la granja de una familia sami. Estuvimos dándoles de comer, sin embargo el reno no es un animal al que le guste ser acariciado. La dueña nos explicó que es porque tienen una capa de aire caliente bajo el pelaje y que al tocarlos, este aire se expulsa, de modo que les fastidias su sistema de calefacción. No es broma, uno casi me mete un cuerno por el ojo cuando lo toqué.
| ¡Más cerca del Polo Norte que de Madrid! |
Después fuimos a una cabaña sami y nos hablaron alrededor del fuego y con café caliente de su cultura, de su historia e incluso la mujer nos cantó sus canciones tradicionales. Los sami son los indígenas que habitan en el norte de Noruega, Finlandia y Suecia y que se dedican principalmente a la cría de renos y a la pesca. Como todos los pueblos indígenas, ven la naturaleza como algo prácticamente divino y le profesan un enorme respeto. Sus canciones eran sobre árboles, ríos, fuegos y cazadores. El Inari también es llamado el mar sami, ya que en sus orillas se aglutinan las tres distintas nacionalidades sami, cada una con una lengua muy diferente de las demás. He estudiado algo sobre ellos en la universidad y son un pueblo protegidísimo por el gobierno, que favorece su existencia con muchas leyes ventajosas e incentivos económicos. En Inari, por ejemplo, sus hijos tienen derecho a recibir educación en cualquiera de las tres lenguas samis. Me encantó la atmósfera de aquella cabaña y de la mujer cantando canciones sobre cazadores de osos alrededor del fuego.
| El sami dueño de la granja me da indicaciones en su incomprensible idioma sobre cómo coger a lazo un reno |
Sin embargo, no se qué porcentaje tendría aquello de antropología y qué porcentaje tendría de turismo. Como en todos los sitios, aquí también llegó el turismo ridículo, por ejemplo darte un carné de conductor de trineos con reno si pagabas los 15 euros por cinco minutos que duraba aquello. Al sami le encantaban las espadas y tenía una colección en la pared de su cabaña de souvenirs. Cuando le pregunté de dónde era la española, esperando oír Toledo o algo por el estilo, me quedé a cuadros cuando me dijo que de Canarias. Canarias, gran tierra de gestas y batallas medievales sí sí...Parece que los super indígenas samis también se quitan el mono de trabajo y se van de vacaciones a tostarse al sol de Tenerife.
Por la tarde llegó otro de los mejores planes del viaje: las motos de nieve. Esas máquinas son verdaderas bestias. Te subes en ella y empiezas a rodar por el Inari, que de lago no tiene nada, es más una inmensa explanada blanca tentándote a que aceleres a fondo y te dejes llevar por la sensación de velocidad.
| Foto de gallu gallu |
| En la inmensa nada del Inari |
Aunque el guía no nos dejó pasar de 80 km/h, el límite oficial de velocidad, era alucinante cómo se movía aquello. Nunca he conducido nada parecido. Ibas por un lago, bajo una ventisca que hacía imposible distinguir donde acababa la tierra y empezaba el cielo, a muchos kilómetros de cada orilla y te producía una sensación de velocidad y libertad que Matteo y yo no pudimos evitar gritar a todo pulmón todo himno rockero que se haya escrito al motor. Desde el Born to be Wild de Steppenwolf, hasta Thunder Road o Born to Run de Bruce Springsteen.
A mitad de la ruta paramos en medio del lago y tomamos un zumo caliente y unas galletas mientras nuestro guía, el finés más finés que he conocido, ya podía contarte que la máxima velocidad a la que había ido eran 180km/h o que ese día había desayunado cola cao, que su tono de voz no variaba una pizca. En una de esas pasaron por ahí dos motonieves policía. El guía nos contó que había varias patrullas que recorrían el lago y se encargaban de vigilar que se cumpliesen los límites de velocidad y de alcohol en sangre.
Después de las motos, hacer un agujero en la gruesa capa de hielo y a pescar! Aunque parezca mentira, con la mierda de caña que nos dieron, hubo un chico que consiguió pescar un pez, pero nada de esos salmones de quince kilos de los que nos hablaba el guía, sino un pezqueñín que devolvimos al lago. Revivimos el momento El Padrino, cuando Fredo reza un Ave María pescando en el lago tras lo que Al le vuela la cabeza :)
Por la noche, la rutina de siempre: sauna, fiestas en las cabañas y a la caza de las auroras boreales. Tampoco hubo suerte, pues el cielo estaba muy nublado, pero sirvió para demostrar lo aclimatado que estoy al país. Había cansancio y lo de esperar era un poco aburrido, así que me eché una buena cabezadita en la nieve a -5ºC. Si aparecen las auroras, despertadme.
El cuarto día puedo decir que fue un coñazo. Me había olvidado la cartera donde las motos y no me apetecía pedir prestada tanta pasta para pagar los huskies, así que simplemente me quedé con Sebastian, Anna y Petra en la cervecería del pueblo. Nuestra mañana se puede resumir en esto:
Las cartas han sido nuestras mejores amigas durante esta semana, ya que nos han ayudado a matar muchos momentos, además de que hemos demostrado ser unos cracks en lo de inventarnos juegos. There goes Yogui Bear, pirámide mentirosa, spanish pyramid, fuckable, Anna's choice, Anna's game, the liar (el mentiroso), the sweeper (la escoba), continental, pim pam pum, the animals, castillo de naipes...Menudo repertorio.
De todos modos, si algún día tenéis oportunidad de conducir un trineo tirado por huskies, me han dicho que son una pasada. Naturaleza en estado puro. La verdad es que la oferta de actividades que tienes es increíble. Además de lo ya dicho, puedes ir a esquiar, conducir karts o un Porsche sobre hielo, cursos de supervivencia y una que me pareció una pasada: ser copiloto de coche de rally por las pistas cubiertas de nieve y los lagos congelados.
Lo bueno del día fue que me compré mi ansiado cuchillo sami, el único recuerdo material que me quiero llevar de Finlandia. Lo busqué con mucho cuidado y por varias tiendas. No quería un cuchillo cualquiera, había uno concreto en alguna estantería de Laponia que me estaba esperando. Esa misma tarde lo consagré, al atardecer, sobre las aguas heladas del Inari. Deja su tierra natal para acompañarme en mis excursiones por las montañas asturianas.
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| La cosa pintaba bien el último día para ver auroras boreales, el cielo estaba completamente despejado |
El campamento erasmus tenía una gran vidilla nocturna como podréis imaginar. Si hubiéramos juntado todas las latas de cerveza que se consumieron allí, creo que los mil kilómetros cuadrados del Inari se habrían quedado cortos. Lapin Kulta y Foster's fueron unas grandes aliadas en Laponia. A su vez, disfruté de unas cenas deliciosas de la mano de Matteo, mi cheff de Florencia. Un maestro de la pasta
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| La Biblia de la cabaña y aquel "We've run out of toilet paper" |
Voy a saltarme el orden cronológico para hablaros de la visita a Papá Noel y dejar las auroras para el final. De vuelta en Rovaniemi pudimos visitar al auténtico Santa Claus. Y eso es todo jeje. Entramos en su salón, nos dijo que llevaba todo el día esperando jou jou jou, nos sacamos la foto que nadie quiso comprar y fuera...La verdad es que era bastante patético el sitio, decorado muy a lo finlandés. La entrada era más propia de una casa del terror y nada más salías de estar con Papá Noel te encontrabas con un gris outlet de utensilios de cocina :S
| Al menos me hice esta foto cutre, para llevarme algún recuerdo |
| Cruzando el círculo polar ártico con Anna y Manolo |
Corría la última noche y había tensión entre los componentes de la expedición. Nos lo jugábamos todo a una carta: O veíamos auroras boreales o nos iríamos a Helsinki con un gran vacío. Aunque el viaje había sido increíble, todo el mundo te habla de las auroras boreales de una manera que ir a Laponia y no verlas habría supuesto una gran decepción.
Dejamos que anocheciera tranquilamente, resguardándonos en el calor de la cabaña. Cuando salimos sobre las 12 de la noche y nos adentramos en el lago, allí estaban, dejando a cualquiera sin palabras. Me pasé los 1.200 kilómetros de viaje de vuelta con mi cuadernillo en mano pensando cómo describir algo así y fui incapaz de avanzar una línea. El cielo estaba plagado de unas estelas formadas de algo que parecía neblina, polvo de estrellas, y que se movían cambiando de forma y de color. Pasaban lentamente del verde al blanco, para volverse amarillas casi sin que fueras capaz de percibirlo y, a continuación, volver a ser verdes. Sin moverse de su sitio, se balanceaban de arriba a abajo, se enredaban, creaban un pequeño rizo. No era algo que vieras ocurrir a lo lejos, las auroras boreales invadían todo el cielo, estaban encima tuyo. A veces, con su movimiento, parecía que te fueran a caer encima, parecía que extendiendo la mano pudieras llegar a jugar con aquel gas de colores entre tus dedos, como cuando ves un espectáculo de fuegos artificiales y da la impresión de que alguna de las luces está a punto de llegar al suelo. Fue la cosa más hermosa que vi en mi vida. Era algo que se escapaba a la belleza de otros fenómenos naturales a los que ya estamos acostumbrados, como las olas, las puesta de sol o las nubes de algodón a las que te gusta encontrarles parecidos. Era sencillamente un fenómeno que nuestra mente no es capaz de asimilar. Cuando consideraron que ya nos habían deleitado lo suficiente, se esfumaron sin decir a dónde iban, mientras nosotros seguíamos mirando al cielo boquiabiertos, aun sobrecogidos por todo aquello.
Una tal Ovejero me dijo allá por agosto que cuando viera auroras boreales le contara qué era lo que había sentido, ya que a cada persona que las veía le creaban unos sentimientos distintos y sólo entonces me contaría qué fue lo que ella sintió. Para mi fue una experiencia metafísica, me atrevería a decir. Pensé en cómo partiendo de un big bang, un planeta puede llegar a reunir seres que respiran, comen y tienen un corazón que late, a la vez que océanos, montañas y esos espectros verdes que tenía delante. La cabeza no me daba para comprender cómo en tan poco continente, tan inmenso contenido. ¿Cuántos intentos ha tenido que haber por el camino? ¿Cuántos otros planetas han estado a punto de tener algo así y, en el último momento, falló un número en la ecuación y todo se fue al garete? ¿Puede ocurrir algo así por verdadera casualidad? No creo que existan samis que no crean en su religión de culto a la naturaleza. Si a mi de pequeño me llevaran a un lago y me enseñaran algo como las auroras boreales, sería devoto de por vida. Tienen algo definitivamente divino.
Si ahora mismo me preguntaran sobre la cosa que creo que toda persona tiene que hacer antes de morir, diría que ver una aurora boreal. No se me ocurre que pueda haber una última voluntad mejor. Y si algún día lo hacéis, recordad este blog y contadme qué fue lo que sentisteis.












1- Si, sube el video yaaa!!
ResponderEliminar2- Estoy organizando una actividad para la empresa y me acaban de entrar unas ganas tremendas de proponer irnos a la Laponiaaaaa!! quiero montar en motos de nieve, trineo de huskies, ver auroras boreales y que me saque un ojo un reno si es precisooo!!
3-Cuando volvamos a encontrarnos quiero que me enseñes todo el repertorio fotográfico que poseas, así ya terminarás de matarme de la envidia!!
un fuerte besote juanilloooo
¡¡¡diós .. me has dejado helada¡¡¡...
ResponderEliminarme ha parecido inmejorable..esta entrada en el blog¡¡¡ no me extraña que te costara tanto relatar lo vivido... ha sido increible¡¡¡
Este finde vienen a visitarme J.R, Fros y Mala!! asi que si se te ponen de pronto las orejotas rojas es porque nos vamos a jartar a ponerte verdeeee de la envidia que nos dasss jajaja
ResponderEliminarTío! Las fotos de las auroras!
ResponderEliminarJuanillooooooooo
ResponderEliminarjopeeee pero q envidiaa me estas dandoo :p:p ,
yo como ester quiero ver ese videoo yaa y cuando regreses tenemos q qedar para que nos enseñes todas las fotos ;);)
mira q olvidarte la carteraa y perdertee lo d los huskiesss madre mia juanilloooooo ..... :p
espero q subas fotos d las auroras borealesss.
te comente q mi madre quiere ir cn mi padre el año q viene a la ponia x los 25 años de casados??? pues = me apunto cn elloss con todo lo que estas contandoo ;);)
bueno juanillooooo un bsoteee muy grandeee ;)
smilinggg ;)
fotos de las auroras en cuanto me envie un aleman las suyas, son verdaderamente dificiles de fotografiar.
ResponderEliminarel video del chapuzon caerá pronto ;)
ya me dijeron q se van para alli...cabritos, no fueron a madrid tanto en su vida como este año q me largue yo jaja. pasadlo bien!!!!
YA ARREGLE EL VIDEO!!!!
ResponderEliminarhttp://www.youtube.com/watch?v=ymfExgpc-8o
ALUCINANTE!
ResponderEliminarYo de mayor quiero ser como tu,vaya experiencias que te traes.
Yo me conformare con mirar un broche de la aurora borealis que tengo.Ya nos pondras las fotos.
Besitos!!!!
IMPRESIONANTE!!!! creo que ha sido la entrada que mas me ha gustado! te prometo que algún día te contare lo que sentí al ver una aurora boreal, debe ser una pasada! y el video.... mi madre y yo nos descojonamos!! muy bueno!!!!
ResponderEliminarAhora mismo me muero de envidia porque en Santander no existen auroras boreales sobre el Sardinero, en algun momento de mi existencia vere alguna, lo que me da menos envidia es el baño en el Artico...mmm...con los 30ªC que hay ultimamente por aqui..como que no me apetece el baño helado...
ResponderEliminarUn besoo!!!
Ahora soy yo el k no encuentra las palabras, k son muy limitadas muchas veces para expresar todo lo k keremos decir.
ResponderEliminarMe he kedado alucinado, de verdad que conforme lo leía me sentía como si lo vierda todo delante. Me parece increible lo k estas haciendo en este blog de verdad. No te das cuenta de que tienes a tantísimas personas enganchadas a tu vida a este nivel, estoy orgulloso de ser una de ellas.
Creo k el gobierno Finés tendría que pagarte por la propaganda que le estas haciendo, sin coñas.
Me alegra de verdad que estés teniendo experiencias que te hagan pensar y sentir cosas al nivel en el que las estás expresando, no mucha gente las puede tener y creo k no conozco a nadie k se merezca vivir todo esto más que tu.
Yo mientras seguire buscando mi aurora boreal particular, a ver si hay suerte.
Un abrazo gran Duke, que este finde has estado en la cabeza de muchos aquinos.
Madre mía inmensa la entrada ¡¡ pero ha estado genial, menos mal que tienes un blog porq si no a ver como nos contabas esto¡ como escarpias¡
ResponderEliminarJuan,donde andas que te hechamos de menos!!!
ResponderEliminarQue todos los dias toy pendiente haber si escribes,que cuelgue!!!
Besines!!!!