Llegó el momento de poner punto final a este increíble año. En pocas situaciones surgen sentimientos tan fuertes como cuando abandonas un sitio que ha sido tu casa durante nueve meses. Soy incapaz de entender cómo han podido pasar tan rápido si parece que fue ayer cuando aterricé por primera vez en Helsinki. Sin embargo, no siento para nada que haya desaprovechado el tiempo. Al contrario, empiezas a hacer memoria de esto y de aquello y te invade una inmensa tranquilidad. Sólo puedes pensar que te dieron la oportunidad de vivir una experiencia única y que le has sacado el máximo jugo posible, que exprimiste hasta la última gota.
Miras por el retrovisor y no puedes más que sentirte feliz por el año vivido y por todo lo que te ha aportado esta experiencia. Recuerdo aquel día de marzo del año pasado en que llegué a la oficina erasmus de mi facultad y vi en el tablón que el destino erasmus que me habían asignado era Helsinki. Fue totalmente de rebote, no es que no lo hubiera puesto en mi lista de destinos preferentes, es que hasta entonces ni siquiera había reparado en que esa ciudad estuviera en la lista. ¿Helsinki? Por más que pensaba no sabía decir absolutamente nada sobre ella: que era la capital de Finlandia, país del que, por otro lado, tampoco tenía la menor noción. Y hoy puedo decir que he vivido durante un año allí. Un año en el que me he mezclado con sus gentes, he ido a su universidad, he seguido sus costumbres como si fuera uno de ellos y me las he tenido que ver con todas las dificultades que surgen día a día en un país extranjero tan lejano del tuyo.
No haré recuento exhaustivo de cada cosa que me ha marcado durante el año, para eso ha quedado este blog como diario. Pero sí quiero remarcar esas cosas que hace tiempo sólo eran curiosidades o reportajes y que ahora las veo como lo más normal del mundo porque han sido mi día a día. Bañarse en agujeros en el hielo, experimentar en tus carnes lo que son -25ºC, vivir (y sufrir) los dias de 6 horas que con el lento paso de los meses se han transformado en largos días de 20 horas en los que el cielo no llega a perder del todo su tono azul. Ahora puedo decir que me he recorrido de norte a sur ese país que antes era un gran desconocido. Y no sólo Finlandia, sino todos sus alrededores: desde Moscú hasta Estocolmo, desde Estonia hasta el Océano Ártico.
Durante ese tiempo he sentido la compañía de unos amigos con los que he vivido batallitas que podremos contar durante toda nuestra vida. El erasmus como experiencia se acabó, pero ahora queda un futuro muy prometedor de amigos repartidos por toda Europa. El Erasmus Trip Asturias en julio ya está más que cerrado, y no quedará ahí: Martina ya ha ofrecido su casa en los Alpes para pasar allí la próxima nochevieja, Axelle estudiará el año que viene en París y quiere visitas, Andrés hará lo propio en Sicilia...Y así podría tirarme un rato. En nuestras manos está que esto perdure. Ellos son el único hombro que has tenido para apoyarte durante un año, lo cual crea unos lazos muy especiales y auténticos. Hoy, como ya hice anteriormente, merecen un hueco los que se quedaron aquí hasta el final, inmejorables compañeros de viaje.
| Guillermín. Un momento: una habitación de hotel en San Petersburgo con Alejandro en la que fue imposible dormir tras semejante ataque de risa y otra en Moscú con unos ronquidos que no se sabía de donde venían. |
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| Inesa. Un momento: aquel taxi perdido dando vueltas por Moscú y nuestras horas y horas de aeropuertos. |
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| Sandra, mi compi. Un momento: su mítica calada antes de una clase que nos tenía cagaos, cigarrillo al suelo y decir: Ale, vamos a que nos den por... |
| Solete. Un momento: una cervecilla en Wappu junto al muelle o aquel buen 7 en el abrigo por agarrarse al resbalar. La rueda mágica! |
| Víctor. Un momento: aquella foto que se hizo inconscientemente con el 5 de corazones en la cabaña del hielo y la mano de Dios en nuestra propia área que nos eliminó definitivamente del campeonato. |
Una de las cosas más duras fue desmantelar mi habitación. Antes de cerrar la puerta para siempre, te tiras un ratín echando un último vistazo a ese cuarto que ahora queda blanco y vacío. Los recuerdos de lo que ocurrió allí durante todo el año te invaden: la cantidad de gente que ha pasado por él, after-parties, películas, cocinas, desayunos con tostadas, días tiraos de nieve y más nieve, llegar y encontrar la puerta cubierta de post-it y muchos otros buenos momentos. Esa 706 que ha sido la mejor habitación de la residencia con mi ventanita desde la que veía el Báltico y desde la que he visto pasar tres estaciones. Orientación sureste, directa a España.
Hicimos una cena de despedida en un típico buffet finés, con reno, un increíble salmón, étc. Con Andrés, Álvaro, Inés, Sol y Sandra compartí mi última mesa erasmus y luego tomamos una última cerveza en el cuarto de los valencianos. Aunque aguantas el tipo en la despedida, una vez cerré la puerta vino todo en tromba y ese último trayecto nocturno con Anna desde casa hasta la estación de autobuses fue duro. Cuando de verdad te das cuenta de que nunca volverás, de que esta sí es la última vez, afloran los recuerdos en cada rincón que pasas: mi bici, que ahí se quedó para siempre; el edificio B con la sauna y la lavandería; la cuesta junto a Leppäsuonkatu donde me tiré con Andrés, Sol e Inés en trineo cuando llegó la nieve; el Heavy Corner, donde dijiste que pasarías cada noche hasta ser íntimo del camarero y al que finalmente ni siquiera entraste a echar un ojo; el Elmo donde vimos el Barça 5 - Madrid 0; el Mc Donald's 23 horas que de tantos apuros nos salvó; el Lidl donde ya te conoces a cada cajera; la estación de buses de Kamppi a la que siempre llegabas a todo correr y bien cargado para pasar los fines de semana de cabañas; el cine donde al segundo intento conseguimos entradas para Water for elephants subtitulado en sueco y en finés; las noches pasadas en Onella y Tiger, nuestra segunda casa; el carísimo Alko; el Kiasma (museo de arte contemporáneo). Y al final llegas a Rautatientori, esa plaza donde todo empezó aquel 4 de septiembre y todo acabó este 25 de mayo. Marcaba 12ºC por entonces, hoy apenas marca 10. De repente, aparecen a todo correr Inés, Sol y Patri que vienen en taxi para un último adiós. Eso ya fue demasiado. Justo antes de subirme al bus, un inesperado regalo: la tableta de chocolate, que en realidad era The most cheesy memory booklet of all times...Menudo viajecito hasta el aeropuerto.
Puede mirarse este año desde muy diferentes ópticas. Hablando con amigos que lo habían hecho antes, te encontrabas con quien volvía a casa y no levantaba cabeza, quien había tenido la mente más fría y te decía que es algo genial que dura un año y es así como tienes que verlo. Creo que la mejor forma de describirlo es diciendo que es un año irrepetible. La razón es sencilla: en el remoto caso de que vuelva aquí, ya no tendrá nada que ver con el Helsinki que yo conocí. No es la ciudad en sí, eso sólo constituyó el escenario. Son tus amigos venidos de toda Europa, reunidos en un ambiente de universidad, viajes y ganas de apuntarse a cualquier plan...Eso jamás volverá. Lo noté en la gente del primer cuatrimestre que volvían de visita en el segundo. Helsinki les defraudaba, había dejado de ser lo que ellos conocieron. Sólo existe un erasmus, en un lugar, en un tiempo y para una persona concreta y jamás volverá a haber nada igual, es imposible que los factores vuelvan a ser los mismos. Y es precisamente esa singularidad y ese carácter irrepetible lo que lo convierte en el mejor año de tu vida.
Y ahora, de un día para otro, vuelves a casa, a lo de siempre y, como protagonista de una fábula calderoniana, te parece que Helsinki no ha ocurrido nunca. Y si alguna vez lo hizo, parece que fue hace años. Pero en el fondo, es un sueño que ahí queda para siempre, bien adentro e imposible de borrar.
Caminando por la pista del aeropuerto hacia el avión, reina un ambiente frío de ejecutivos con traje y maletín, pero tú rompes el protocolo y no puedes evitar unas lagrimas cuando miras atrás justo antes de entrar en el avión, como queriendo alargar tus últimos instantes en aquel país. Al despegar el pequeño avión, desperté de mi cabezadita y ahí lo contemplé por última vez. Ese paisaje repleto de lagos y bosques que ha sido mi casa durante un año. ¡Hasta siempre Finlandia! Moi moi Suomi!!!!
PD: Habéis sido unos lectores increíbles y muy fieles durante todo el año. Jamás podría haber imaginado el éxito que tendría este blog, que ha llegado a la escalofriante cifra de 20.000 visitas. Escribirlo ha sido para mí uno de los mayores placeres de este año y ha sido vuestro seguimiento el que me ha motivado a dedicarle tantas horas y ganas. Muchísimas gracias a todos.





















