miércoles, 18 de mayo de 2011

Stockholm

Bien me dijeron hace poco que cuando uno viaja solo, la necesidad de contar su viaje es mayor. Por un lado, tiene una gran ventaja: La libertad de decisión es total. Pero, a su vez, arrecia con fuerza esa humana necesidad de compartir lo que se está viviendo. No lo digo tanto en el sentido de extrañar compañía o conversación, sino en el de tener una simple mirada de complicidad con tu acompañante y saber que a él también se le están moviendo las tripas con lo que está viendo. Eso es lo que necesitaba: compartir este viaje, que lo mucho que vi en Estocolmo no se quedara dentro. Necesitaba escribir este blog más que ningún otro.

Estocolmo es una ciudad heterogénea, con un poco de acá y de allá, donde a cada barrio de la ciudad intentas encontrarle el parecido con algo que hayas visto antes. Sin embargo, no acabas de ser capaz, en cada lugar hay una seña de identidad propia que te destruye la comparación. Estocolmo consigue que esa amalgama de arquitecturas, urbanismos y ambientes sea un todo que no desentona. Defiende y luce con igual orgullo cada uno de sus barrios, desde sus palacios reales hasta las calles sucias con paredes cubiertas de carteles a medio arrancar que anuncian conciertos de efímeros grupos locales. El Gamla Stan, la ciudad vieja, es alemana, vikinga, parecida a Tallin. Cuando ves sus palacios, iglesias y edificios dignos de una ciudad imperial, sientes que estás paseando por Viena. La ciudad en sí, situada sobre catorce islas entre el lago Mälaren y el Báltico, tiene aires de una ciudad de canales, pero sin que le acabes de encontrar parecido con Venecia, sino más bien a los puentes que cruzan el Senna en París. Su ensanche, de manzanas cuadradas donde se mezclan las tiendas de alta costura con locales bohemios y tiendas de diseño, es Barcelona en estado puro. A su vez, los enormes parques son de corte británico. Y así podrías pasar horas y horas...

Todos los que habían ido volvían diciendo que era increíble, una de las ciudades más bonitas que habían visto. Sin embargo, cuando preguntaba el por qué, sólo daban respuestas vagas: “Por todo tío, por todo”. Cuando he tenido que escribir esto, me ha pasado algo parecido. No sé qué tiene exactamente, pero algo hay allí que te engancha.

Aterricé en Arlanda a las siete de la mañana, dejé el equipaje en el albergue y a patear! Mi primer destino era la ciudad vieja. Tengo grabado el momento en el que giré la última calle del Norrmalm y tuve frente a mí los canales, el Ayuntamiento, el Parlamento y el Palacio Real...Entendí de un simple vistazo la buena fama que tiene la ciudad y comprobé que no había mejor forma de describirla que aquel “Por todo tío, por todo”.

El Gamla Stan es la pequeña isla donde se conserva el casco viejo de Estocolmo. Fueron los inicios de una ciudad nacida en torno al S.XIII que más tarde se fue expandiendo por las islas que la rodeaban. Allí están las calles estrechas y adoquinadas, pero también los edificios que reflejan el poder que tuvo entre los siglos XVII y XVIII, siendo la gran metrópolis y centro de poder de Escandinavia. Bullicio en las calles, terrazas, tiendas de souvenirs...Caminé por él hasta que esos adoquines me destrozaron los pies.
El Palacio Real
Parlamento de Suecia
Plaza Mayor
Catedral de Estocolmo

La Academia sueca

Pequeñas plazas que te encuentras caminando por Gamla Stan
San Jorge matando al dragón
La Iglesia alemana
La Casa de la Nobleza
Riddarholmskyrkan, panteón de los reyes suecos desde el siglo XVI
Tras esta intensa mañana, me malimenté a base de galletas con lacasitos y plátanos en un muelle y puse rumbo al Ayuntamiento de ladrillo rojo, famoso por celebrarse allí el banquete de los Premios Nobel. Tras un descanso al sol en el jardín, situado a orillas del canal, decidí subir a la torre. Es uno de los principales símbolos de la ciudad. y desde ella se tiene una de las mejores panorámicas de Estocolmo.
Subiendo a la torre por las estrechas galerías de ladrillo
Gamla Stan y Riddarholmen
Enfrente, el Södermalm

Aun tenía toda la tarde por delante cuando bajé de la torre y caminé hacia el Södermalm, el barrio sur bohemio y vanguardista. El ambiente se concentra en Götgatan, calle donde la gente toma el asfalto y camina sin prisa ni rumbo entre tiendas y artistas callejeros. Entré en una de las mejores tiendas de instrumentos que he visto, donde me entretuve mirando las apiladas colecciones de baterías, guitarras y camisetas. De fondo, un chico probaba una Telecaster a la que le arrancó alguna que otra buena melodía ante la desconfiada mirada del dueño...Siempre será mi guitarra. En la pared, cómo no, un poster firmado dejaba constancia de que The Boss había pasado antes por allí. Los músicos callejeros eran de todas las especies, desde los bien armados con guitarra, micrófono y ampli, hasta este jartu que bajaba la calle rasgueando unos acordes fáciles sin ningún afán recaudatorio.

Fui a dar a una plaza con terrazas abarrotadas de suecos que bebían pintas de cerveza disfrutando del calor. Me senté a tomar un respiro en un banco mientras sacaba planos y guías para decidir dónde ir a continuación. Tenía mis dudas sobre un parque-cementerio que me había recomendado Inés...Otro guitarrista callejero amenizaba la tarde en aquella plaza tocando canciones de Led Zeppelin en versión instrumental. Pronto se le unió una chica que bailaba, o se balanceaba mejor dicho, con los brazos abiertos y mirando al cielo, sintiendo más la iluminación de la marihuana que la de algún dios.

Al ir a comprar la tarjeta de transporte tuve otra de las pruebas de lo monárquicos que son los suecos. Las postales y souvenirs sobre la familia real invaden las tiendas y son primera página de todas las revistas, pero aluciné cuando vi la foto en la tarjeta de transportes! Tras atravesar horas bajas por ciertos líos de faldas que había tenido el Rey en algunos clubes de Estocolmo, la popularidad de la monarquía se disparó con la boda el año pasado de la Princesa Victoria, ya conoceréis la historia. Esa princesa que se enamora de su plebeyo entrenador personal, pero su padre no acepta el matrimonio porque el chico no es de sangre azul...Pero finalmente triunfa el amor étc étc...Seguro que Itallame podrá dejar un comentario con todos los detalles al respecto.
Tarjeta de transporte

Me decidí finalmente a cerrar el día cambiando el ruído de la gente, las guitarras y las vespas decoradas al estilo brit-pop que invadían el Södermalm, por la tranquilidad de Skogskyrkogarden (El Cementerio del Bosque). Pese a ser uno de los tres lugares declarados Patrimonio de la Humanidad con los que cuenta la ciudad, es un sitio apenas concurrido, prácticamente una rareza. Y sólo así se puede disfrutar de un lugar semejante. Refleja a la perfección la visión nórdica de la muerte, o de lo que hay más allá de la muerte quizás. Una visión muy alejada de la nuestra y que definitivamente me encanta, ya que sólo con ella se pueden crear sitios tan idílicos como aquel parque-cementerio. Allí, con el sol de la tarde colándose entre las ramas de los enormes árboles que me escoltaban, tuve uno de los paseos más relajantes y contemplativos de mi vida. Los minutos se fueron volando mientras caminaba solo por aquellos caminos de gravilla, con la única compañía de un enterrador que trabajaba enderezando lápidas torcidas. Sólo los pájaros cometían la osadía de romper el silencio sepulcral que reinaba. Aquella gente verdaderamente descansaba en paz.

Vuelta agotado al hostal, donde compartía habitación con otras trece personas. Eran casi todos asiáticos y tenían unos horarios que dificultaron mucho el entablar relación con ellos. Cuando yo llegaba al hostal, ellos ya se habían ido a dormir y cuando me despertaba por la mañana, a eso de las 8.30-9 ya se habían ido a hacer turismo.


El sábado amaneció mucho más caluroso y salí sin rumbo determinado. Tras caminar por la orilla del Östermalm, fui a dar a una isla-parque gigante a la que también habían ido muchísimos suecos a disfrutar de su fin de semana. Familias enteras con helados, bicis, perros...No dejaba de sorprenderme la cantidad de padres jóvenes que vi.

En esta isla visité el Museo Vasa. (Aviso: si no os interesan los barcos no leáis esto porque me he pasado bastante escribiéndolo). En él se conserva el único barco del S.XVII que ha llegado a nuestros días. Y no se ha pasado estos 350 años guardado en un museo precisamente. Tuvieron que darse una serie de factores muy especiales para que hoy podamos contemplarlo casi en su estado original. El hecho de que se hundiera en las salobres aguas del Báltico hizo que ciertos moluscos propios de aguas saladas no devorasen su madera como termitas. Si ese barco se hubiera hundido en el Cantábrico, hoy sólo quedarían astillas. Además, al hundirse a treinta metros de profundidad, tampoco fue destruido por el hielo.

Cuando Suecia entró en la Guerra de los Treinta Años, el rey ordenó la creación de una flota capitaneada por un barco que debía ser el emblema de Suecia y de la realeza. Ése fue el Vasa. No simplemente un barco, sino un símbolo de ostentosidad que representara el poder de la nación sueca y sus aspiraciones expansionistas, el Titanic de su época. A la estructura normal se le unía un castillo de popa completamente rococó en el que no había un sólo milímetro sin cubrir de esculturas y colores estridentes, haciendo que ahora nos parezca más una carroza del Día del Orgullo que una nave de guerra.

Cuando el barco fue terminado, tuvo que pasar las pruebas de rigor en el astillero para que comprobaran si era apto para navegar o no. Enseguida se dieron cuenta de que no era estable. Faltaba lastre y sobraba altura, el casco debería haber sido más ancho y profundo. Sin embargo, el rey había insistido en tenerlo listo cuanto antes y nadie se atrevió a criticar los problemas de estructura.

Cuando en 1628 salió del puerto y apenas había navegado una milla, una ráfaga de viento hizo que volcara y se hundiera frente a los muelles de Estocolmo. Y allí quedó en el olvido durante nada más y nada menos que tres siglos...

Hasta que en 1950, Anders Franzen, un buscador de naufragios, empezó a investigar sobre la localización del Vasa. Cuando lo encontró, hundido frente a los muelles de Estocolmo, pronto consiguió medios de las autoridades para sacarlo. El barco descansaba a treinta metros de profundidad, enterrado hasta la mitad en el barro. Tras unas alucinantes maniobras submarinas consiguieron sacarlo de una pieza en 1961. El emblema de la flota de Gustavo V volvía a la superficie 333 años después. Tras unos treinta años de punteros trabajos de restauración, se expone tal y como fue en su día, pero sin colorinos. Si os gustan las películas o libros de barcos, ésta es parada obligatoria. Os pongo fotos, aunque fotografiar un barco tan grande fue casi imposible.
Apariencia original de las esculturas que decoraban el castillo de popa
A la salida del museo, me encontré con un acto de lucimiento del ejército sueco con fines de reclutamiento. Niños con bazookas, morteros, metralletas...Me senté en aquel parque a tomar el sol mientras la banda de música tocaba marchas militares. Dormir una siesta al sol disfrutando de un helado. Fue un día más tranquilo.
Mi única foto en Estocolmo
Más tarde, fui a la zona del ensanche, donde me encontré con este genial mercado rehabilitado al estilo Mercado del Este o del Mercado de San Miguel repleto de toda clase de productos suecos. Calles anchas y mercadillos de flores.

Por la tarde tenía dudas sobre ir al Palacio de Dronington, residencia de la familiar real sueca, o seguir pateando la ciudad. Opté por lo segundo, ya he visto suficientes palacios cursis con jardines recargados, Estocolmo me gritaba que siguiera pateando sus calles. 

Viajar sólo es la ocasión perfecta para pillarle el truco a tu cámara de fotos, pudiendo pasarte el tiempo que quieras tirando fotos estúpidas y aprendiendo poco a poco sobre el difícil mundillo de los diafragmas, obturadores, enfoques, ajustes de exposición, étc.

Volví a la Plaza Mayor y me encontré con otro artista callejero, de los mejores que he visto hasta ahora. Me senté en un banco, saqué la libreta verde y, durante media hora, escribí con detalle todo lo que aquella ciudad había despertado en mí. El cantante inundó cada rincón de la plaza con un repertorio más suave que los del día anterior, donde U2 y Damien Rice eran protagonistas. El tipo tenía buenas maneras y había congregado en los bancos de alrededor a unas cuantas grupis que le escuchaban tomando un helado. Para cuando levanté la vista de mi libreta, él ya había guardado su guitarra y fui demasiado tímido para darle en mano las monedas que se merecía. Al irse me echó una mirada fea en la que pude ver claramente que me llamaba "rácano"...Lo siento amigo.

Al final de la tarde quise quitarme una espina clavada. El Södermalm me había sabido a poco, sólo vi una calle que mereciera todos esos piropos de barrio vanguardista que le tiraban las guías, algunas comparándolo con el Barrio Latino de París, así que volví al sur. Tras patearlo de arriba a abajo, tengo que decir que, aunque me gustase y ahora esté adquiriendo mucha fama por ser el sitio donde Stieg Larsson se sentaba a escribir su Millenium, tampoco era para tanto. Faltaba algo de vida en aquellas calles. Eso sí, descubrí una diminuta calle con una pasarela desde la que, nuevamente, se tenía una buena panorámica de Estocolmo, esta vez desde el sur. Me encantó cada detalle de aquel pequeño pasaje, y qué sorpresa la mía cuando tiempo después he descubierto que no he sido el único al que aquello le había llamado la atención, ya que el propio Larsson situó en ella la vivienda de su personaje Mikael Blomkvist, con la taberna The Bishop Arms enfrente. He aquí una foto que, por casualidad, tomé del edificio:

De vuelta al hostal compré el único souvenir que me llevé de Suecia: una bandera de Finlandia, el enemigo, que se noten los colores que uno lleva dentro tras este año. Al irme el domingo, una simpática conversación de despedida con la recepcionista rusa y al aeropuerto. Cogí un avión en el que vi cómo se iban sucediendo las miles de pequeñas islas del archipiélago Åland y me acordé de cuando estuve en una de ellas acampando a la aventura con Andrés, Axelle e Irina allá por octubre Qué lejos queda todo aquello, qué año de increíbles aventuras...Norwegian Airlines, fly me home.


Suena...9 crimes, by Damien Rice, porque aquel cantante de la Plaza Mayor consiguió que se me quedara grabada una tarde entera en la cabeza.

12 comentarios:

  1. Díjetelo (¿cómo traducirá Google esa palabra?)

    Algunas de las fotos las tengo yo iguales, casi hasta con la misma luz.

    No puedo creer que hayas ido al Cementerio de Skogskyrkogarden. Queda un poco alejado del centro. Yo fui allí a ver la Capilla del Bosque de Asplund y también está un conocido edificio de Lewerentz. Como llovía hice tiempo en un bar y... allí es donde empecé el cuaderno de dibujos que conoces. De veras.

    Menos mal que has re-escrito esta entrada porque en casa ya había un poco de nervios.

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  2. Por cierto, es verdad la paz que se respira en ese cementerio. La foto no refleja bien el laberinto de árboles gigantes en todas las direcciones ¿Sabías que ahí está enterrada Greta Garbo y que hay gente que peregrina a su tumba?

    Del mercado... ¿qué decirte? que pasé por delante y no me di cuenta de que era un mercado. Menos mal porque la cantidad de queso y fiambre que habría comprado no lo superaría ni Itallame.

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  3. Alicinante Juanillo!! No sabía que ibas a hacer el viaje solo!! Te pega tanto... jajaja

    Me encanta como describes todo. Y estoy segura que como buen escritor que estás hecho, cuando te pones a redactar tienes un buen diccionario de sinónimos (llamalo google) a tu vera...!! Porque aunque hay adjetivos que sí he escuchado y sé qué significan, nunca se me ocurriría usarlos!! jajajaja (vease como ejemplo: amalgama ) xD

    Un fuerte besote!!

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  4. Gracias, estaba un poco triste al pensar que no iba a poder disfrutar de esta entrada. La espera ha merecido la pena.
    Lo que daría por leer esas anotaciones que haces... es que no te das cuenta, pero yo lo veo perfectamente: son los pequeños detalles de un futuro gran escritor.

    ;)

    Luisa!

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  5. "A mi nunca se me ocurriria utilizar un ADJETIVO como amalgama", por Esther Gurria jajaja

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  6. jajajajaja tengo una explicación más que razonable para poder excusarme de esa pequeña metedura de pata!! Pero ahora estoy mmuy ocupada intentando cambiar mi nombre del registro civil!! Gracias!!=P
    Y para colmo, no me deja firmar como "Estheriuss" y tengo que tirar de cuenta google dónde aparece mi foto!! Asi que ya todo el mundo puede poner cara a la chica que confunde palabras =P
    !

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  7. Podría seguir leyendo tus líneas sin felicitarte tanto, pero sería injusto.

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  8. ninguna foto de tu cara en Estocolmo? de verdad has ido?
    Esther, qué nombre te vas a poner?
    Juan, qué poco te queda, estoy deseando verte.
    besos, mamá.

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  9. Lo de Esther era una broma mamá...
    Me alegra que os guste la entrada. Cuando se me borró todo estuve a un paso de abandonar el blog, pero Estocolmo no podía faltar

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  10. ¡¡¡como siempre , no has defraudado lo mas mínimo ¡¡¡ ya dudaba que lo volvieses a escribir.......
    pero como siempre ¡¡¡¡MIS FELICITACIONES¡¡¡...
    ya tengo ganas de ver tu cara de nuevo...., efectivamente mamá tiene razón..... no has puesto tu cara a ninguna foto allí.....
    besosssssssssssssssssssss
    p.d.: te perdonaré.... porque creo que te olvidaste de mi imán... ohhhhhhhh....estocolmo no lo tengo....

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  11. Ya estaba yo impaciente!!!!!Si no lo llegas a poner te doy una colleja!!!
    Que bonitas las fotos!!!La historia del barco muy interesante.
    Y con ese mercado andabas comiendo lacasitos????
    El parque-cementerio es wapisimo.Todo me gusta!!Hasta la tienda de guitarras!!!
    Y con respecto a la futura reina veo que estas muy bien informado,pero el rey tb se caso con una plebeya,azafata de congresos,algo mas????
    Como siempre genial la cronica!!!!Que poco te queda!!!!Besines!!

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  12. En dos palabras, im-presionante, las fotos alucinantes, pero mejor la crónica que le acompaña.
    A mí si me ponen en el bonobus a Felipe y a Leti me da algo. Te esperamos el 25.
    Besos, Marta

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