Hoy es una fecha para marcar en el calendario. Por fin tuve mi bautismo de hielo como auténtico finés. Tras tomar una abrasadora sauna, he corrido en la nieve a -11ºC y me he bañado en un agujero en las congeladas aguas del mar Báltico.
La playa. El sistema para mantener ese agujero consistía en una bomba que estaba continuamente moviendo el agua, consiguiendo así que no se congelara.
Axelle y yo pusimos rumbo hacia un camping a las afueras de Helsinki en el que por 6€ puedes pasar toda la mañana tomando saunas y bañándote en la playa, como lo llaman ellos. Ha sido, sin duda, uno de los mejores planes con el que me podía haber despedido de esta compañera francesa de batallas. La sauna estaba en una cabañita de madera pegada al mar, de esas que abundan por todo Finlandia junto a lagos, ríos, étc. Entrar en la sauna fue algo así como hacer aparición en un antiguo Saloon del Lejano Oeste. Abres esa puerta y eres el forastero en una sauna con tipos raros y de mala vida. Había dos vaqueros tatuados enteros, tres rubios blancuchos y uno con melena y tupida barba por la barriga. Todo se para, incluso el vapor deja de fluir y sólo hay miradas de desconfianza entre los desconocidos. Tomas asiento y esos cowboys empiezan a probar si eres lo suficientemente hombre. Echan seis cazos de agua y ponen el torso firme para recibir toda la fuerza del golpe de vapor mientras te miran de reojo. Tú, que estás acostumbrado a saunas más de extranjeros, sientes como esa salvajada de vapor te abrasa y sólo puedes taparte los ojos y mirar al suelo. Ellos ganan. Esos fineses eran unas auténticas bestias de la sauna, de esos que luego van a campeonatos y mueren en el intento. Cuando todavía estás recibiendo el golpe de vapor de los seis cazos, echan otros cinco más. El ambiente es inaguantable y cuesta respirar.
Tras cinco minutos decides largarte a probar el extremo opuesto, un agujero en un mar congelado con un exterior a -11ºC y con viento. El viento es ese elemento que marca la diferencia entre tener un poco de frío y ver las estrellas. Bajas por las escaleras y te zambulles en el agua. La sensación es rara. No llegas a sentir demasiado frío, es más una sensación inmediata de que los brazos y las piernas se han quedado alelados y les cuesta responder. Supongo que es porque tu cuerpo está empezando a sufrir una hipotermia. Hay que intentar dar unas brazadas, aunque eso aquí no sirve de mucho.
Primer asalto pasado. Te cubres inútilmente con la toalla y echas a correr de vuelta a la sauna. Aunque corres más por instinto que por necesidad, pues una vez que has estado nadando en ese agua, en el exterior no sientes frío. De la que vuelves te cruzas con esos cowboys que, por supuesto han aguantado el doble que tú en la sauna, y te das cuenta de que ellos no corren. Van pisando tranquilamente la nieve, como si lo del frío no fuera con ellos. Caminan con altanería, son Harry el Sucio y nadie les tose en las calles de San Francisco. Te miran a ti, extranjero, que andas corriendo como una nena de vuelta a la sauna y poco más que esbozan una sonrisa de prepotencia.
Cuando vuelven a la sauna pasan al siguiente round. Cogen una manguera y riegan las piedras durante cinco segundos. Están decididos a demostrarte que en esta sauna no hay sitio para todos. Pero en ese momento llegó el sheriff al Saloon, un finés que les dijo al bueno, al feo y al malo que dejaran de hacerse los fuertotes y se lo tomaran con más calma. Ellos, aun con gesto irritado, respondieron con un poco convincente "no se preocupe jefe". Sin embargo, para ese entonces tú ya no puedes más y bajas un escalón en los asientos. Se acabó la guerra por hoy muchachos. El Sheriff resulta ser un simpático y culto finés mayor que habla inglés, francés y que está empezando a estudiar español. Creí entenderle que era profesor de la universidad. Estuvimos practicando la sauna como de verdad la entienden los fineses, como un lugar de encuentro social. Lo de desnudarse no deja de ser simbólico, es como quitarse todo lo que uno lleva encima a lo largo del día y entrar sin complejos en un cuarto de madera para hablar relajadamente con quien se encuentre allí.
Después, vuelves al mar y del mar a la sauna. Una, dos, a la tercera vez ya has tenido suficiente. El agua que tienes en el pelo se ha congelado y cuando lo tocas está tieso como si llevaras kilos de gomina encima. Pero pasas el rato con ese Sheriff tan majo que lo mismo responde a Axelle en francés que te habla de su nuera española. Nuevamente, cuando un finés empieza a hablar, hay que mandarle callar. Parece que tuviera que desahogar todos los silencios que ha pasado durante la semana. Justo salí del agua una de las veces y empezó a hablar y a hablar, yo asentía educadamente mientras los dientes me castañeaban...Cuando le dije que si podíamos seguir con la conversación dentro, le entró un ataque de risa.
En una de esas, pasó por ahí una paisanina que andaba haciendo esquí de fondo y no pude evitar pedirle una foto. Menudo contraste.
Me hace gracia pensar que todas estas cosas las veía por la tele hace años y no podía creérmelo...Y sin embargo, ahora es como la rutina de cada día, algo a lo que estoy totalmente acostumbrado y que para nada me sorprende. Tras lo de hoy, ya puedo decir que me he convertido en un super hombre de esta raza superior que son los fineses. Eres inmune a a todo durante un buen rato. Me río yo de los Orejas, que se creen muy duros por andar por Oviedo con pantalón corto en enero jaja.
Ya voy conociendo el frío finés. El otro día salí de casa con un abrigo y bufanda tranquilamente. Cuando miré el termómetro hacía -9ºC...Definitivamente, la diferencia la marca el viento. Un día de -2ºC con viento puede ser el infierno comparado con un día de -15ºC. La diferencia en un día de temperaturas extremas no la notas inmediatamente, sino de forma más lenta. A la media hora de estar en la calle sientes que la nariz se te ha quedado prácticamente tiesa y empieza a costar incluso respirar. Nuevamente, el frío te va matando poco a poco.
Ahora hablemos de mi vuelta a casa! Voy a tener un regreso de esos de película americana, cogiendo aviones en aeropuertos nevados y demás. El lunes 20 a las 6.45 de la mañana cogeré un avión a Madrid con escala en Munich. Llegaré a las 14.00 a Barajas, donde me esperará mi madrina para darme un buen achuchón de bienvenida a España. Esa tarde me la daré al ocio, descansar y visitar a Micho y mis amigos del Colegio Mayor (alucinante lo que me contáis de vuestros cánticos en la cena de Navidad, me ha tocado profundo ese Duque leyenda lololololo. Os dejé bien enseñados, novatos). Después empiezan dos días de vértigo en los que tengo que hacer la foto para mi orla de Derecho, conseguir apuntes para los exámenes que quiero hacer en febrero en la Complutense, pelearme con mi coordinadora erasmus y hablar con alguno de mis profesores. Me dé tiempo a todo o no, el miércoles 22 estaré cogiendo un tren en Chamartín con Micho para que nuestros papás nos reciban felices cual perdices en Santander, empezando de verdad una de las navidades más ansiadas de mi vida. Familia, amigos...El miércoles se cierra la BNS! Prometo estar hiperactivo para no dejar de veros a ninguno, no se pueden explicar las ganas que tengo. He abierto el baúl de las fotos para demostrároslo.
Todo el clan de la Torre, todo el clan Llamas. Abuelos, tíos, primos...
Los de Santander...
Que oíste qué?!?!?!!?!?!?!?
Los de Llanes...
Mis espartanos del Bando Invencible.
Esta banderita firmada por todos sigue colgada en mi cuarto.
Los de Madrid...
Y algunos caprichos: conducir, pericotes, sidras...
Suena...Volver, by Andrés Calamaro versionando un tango de Gardel. Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno...
Para acabar, quería hacer balance de estos meses de Diario Suomi. La verdad es que está teniendo un seguimiento que todavía no acabo de asimilar, con muchísimas visitas diarias. Nació como un atajo para no tener que responder las mismas preguntas sobre frío, comida y demás que te hacen los más cercanos; pero ha acabado por atraer a no tan cercanos e incluso a desconocidos. Todo ello está haciendo que ponga empeño en las entradas. Ha terminado incluso siendo un incentivo para levantarme de la cama algunos días perezosos e ir a hacer algo que merezca ser contado. Y a la vez me encanta, porque me está quedando un diario increíble de esta experiencia. Los más fans tendrán sus entradas favoritas...Yo no me canso de leer la de Rusia, la de la isla de Nagu o la de la visita de mis padres. Pero, por encima del número de visitas, lo que me gusta es que lo estáis siguiendo a menudo, que para mi es lo importante de verdad. No ha sido algo de lo que os hayáis cansado a los dos días, sino que seguís al pie del cañón comentándome a diario; si no directamente aquí, mediante e-mails o privados. Muchísimas gracias. Puede que ésta sea la última entrada del año, a lo sumo comentaré cómo fue el viaje de vuelta, pero no voy a escribir en el blog sobre lo que haga en España, eso ya podremos vivirlo y comentarlo juntos. Además, no se si me llegaría la inspiración lejos de mi habitación con vistas.
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!































