Mañana se me acaba más o menos esta semana de desecho social que me he pegado. Vuelvo a clase con no se qué pijada de asignatura sobre derechos fundamentales de las minorías. A ver si la apruebo y me quito de encima la Filosofía del Derecho. Sin embargo, no me he dejado llevar del todo por los malos hábitos. Sigo a conciencia mi plan de buena alimentación y le estamos dando fuerte al fútbol, pero al amistoso. El erasmus team de este cuatrimestre es una verdadera calamidad. No hay compromiso, y me incluyo el primero, ya que no he ido a un sólo partido. Pero es que estos fineses nos ponen todos los partidos a horas mortales, los días después de salir...Para que luego se queje tanto Mourinho. Por ahora se han jugado tres partidos. El primero, perdido. En el segundo, ni siquiera teníamos los cinco jugadores reglamentarios y tuvo que dejarnos uno el equipo contrario que, por supuesto, era el peor de todos ellos. El de hoy ganamos porque el otro equipo no se presentó. Jugar al fútbol ya no es lo que era. Cuando el otro día, jugando de portero, me sorprendí repasando mentalmente la lista de la compra me di cuenta de que mi vida había llegado a un punto de inflexión. Lo próximo será eso de "No puedo jugar que tengo comida en casa de mi suegra". Menos mal que en el mercado de invierno nos hemos hecho con los servicios de un par de alemanes que suplen un poco el desastre que creamos españoles, italianos y franceses. Vaya orden con el que juegan los alemanes, no hay manera de que pierdan la formación. Qué pueblo el alemán: ordenados, responsables, puntuales, consecuentes, si hacen algo lo hacen bien, nada de chapuzas...Ojalá fuéramos un poco más alemanes.
En el próximo partido nos jugamos pasar a la fase siguiente, invocaremos el espíritu de aquel primer erasmus team, malos pero entregados.
Ya que mi estudio era una auténtica pocilga, con bolas de polvo rodando de un lado a otro, haciendo que esto pareciera un auténtico escenario de western, he hecho la limpieza más integral que le hayan dado jamás. Esta semana me visita Elena con dos amigas y hay que tener esto vistoso y adecentado. No sabía que en 19 metros cuadrados pudiera caber tanta mierda. Para ello, hago un cocktail explosivo con cloro, limpiahogar, Fairy, agua y el ingrediente secreto marca de la casa, que no hay mota de polvo o ácaro que lo resista. Ahora mismo podría cenar en el suelo y rebañar con pan. Además, hice retirada de trastos. Puf! Tiré botellas de una fiesta que hice en septiembre.
Ya que el tema del otomano ha causado sensación os diré que ya se quién es. Cuando volvíamos el viernes de salir, un grupo de individuos cuya identidad será mejor mantener en el anonimato, aporrearon su puerta y salieron corriendo. El pobrecillo salió en pijama, con cara de dormido y cuando vio aquella turba enloquecida, ni siquiera soltó un juramento turco, sino que se volvió a meter resignadamente en su habitación. No me volveréis a oír decir nada contra ese chaval. Otro de los viejos temas del blog, el Cluedo, volvió a estar de actualidad en enero. El alemán que organizó el torneo de poker hizo una fiesta en su habitación durante su primera semana aquí. En esa fiesta desapareció su cámara. No hace falta que os diga quien era la única persona de la lista de sospechosos que estaba en la fiesta verdad? A esa si que le vamos a gastar alguna gorda antes de irnos, la pensaremos bien.
Por otro lado, seguimos aumentando el parte de lesionados por hielo, y ya van tres. El otro día una francesa resbaló y se rompió medio piño contra el suelo. Pero no un trocito, se partió el diente en dos. Menos mal que los servicios sanitarios hicieron un arreglo rápido. De nuevo, el denominador común fue volver a casa a altas horas con varias copitas en vena.
Y ahora llega el momento triste. Hora de irse para los que han estado de erasmus con nosotros desde septiembre hasta febrero. Hay bajas muy importantes.
Laura "Viñas". Esta barcelonesa, junto a Irina, Martina y otras dos chicas, formaban el mejor piso del erasmus. Nunca se me olvidará estar remando codo con codo a toda pastilla para escapar del hielo contra el que habíamos chocado en el lago de los fantasmas. Estábamos bien lejos de la orilla y no teníamos chalecos salvavidas, pero daba igual, habríamos muerto de hipotermia antes de alcanzarla...
Irina. La suiza indefinible. Junto a Axelle, eran la pareja que le aportaba esa chispa de locura tan necesaria a este erasmus. Si bien, era la que estaba verdaderamente pirada de las dos. No había examen o cosa que le afectara nunca, se apuntaba a un bombardeo y siempre ideaba los planes más impensables. Llegó a conocer Helsinki como la palma de su mano y se sabía todos los sitios donde conseguir gangas. Un día fue a una tienda de segunda mano y apareció con una bici, una tienda de campaña y un saco de dormir. Dijo que se iba a descubrir el archipiélago Turku, que si queríamos nos apuntásemos. Y de ahí surgió una de las mayores aventuras de lo que va del erasmus. Recorría cinco cafeterías en una tarde para ver dónde hacían el mejor café de Helsinki y llegaba a casa taquicárdica. Cuando hubo que bañarse en las aguas gélidas y negras de aquel lago fantasmal, fue la primera que no se lo pensó dos veces y saltó. En dos minutos encontró en mi pasillo una puerta al exterior, la cual yo no había visto nunca, y caminó por una cornisa de un metro de ancho cubierta de hielo para subir a nuestro tejado, desde donde se veía medio Helsinki. Otro día le daba por escalar por un andamio. Y cuando tuvo que pasar una noche en el calabozo, no dejaba de reírse a carcajada limpia mientras la metían en el furgón policial. La persona más inimitable que he conocido en mi vida.
Martina Armosino. Pese a ser el auténtico prototipo de mujer italiana (egocéntrica, posesiva, paranoica, maniática, etc) nos enseñó que las italianas pueden ser buenas amigas. Muchas comidas en Porthania y muchos cafés de media tarde. Presunta experta en pintura, demostró sus inmensos conocimientos en el Hermitage y su nombre y apellidos siempre fueron demasiado suculentos para los cánticos de los chicos de Helsinki. Martina BJ! Me gusta la gente que, sin darte cuenta, día a día te han contado todo sobre su familia, amigos y su vida en Italia. Ahora mismo tengo un auténtico Máster en sociología del Piamonte. Excelente profesora de italiano, tifosi de la Juventus. En las fotos siempre tenía que ponerse a la izquierda, al caminar por la calle siempre a tu derecha. Nunca olvidaremos su manera de hablar de alguien gritando y señalándole con la mano, su alto tono de voz, su viaje en autocarabana de Turín a Helsinki conducida por el gran Mauro y 50 litros de agua mineral italiana (como si la de Helsinki transmitiera el cólera), su tesina en marketing artículos de lujo, fonte: Martina Armosino. "Oh the Bolshoi!" Cuando saltó como un mono sobre mi al ver una rata que se nos cruzó de noche en Rusia. La tarde en la que nos perdimos en San Petersburgo y aquel "I'm quite sure this is not the obelisk we are looking for" - "Jajaja of course Juan, there are soooo many obelisks in Saint Petersburg...". Ma che pale! Bromas aparte, ésta me da pena de verdad, ha sido mi mejor amiga en Helsinki (o quizá segunda mejor, vaffanculo jaja).
Francesco Calore. No hay palabras. Helsinki se queda sin su Ashton Kutcher. Las noches, partidos de fútbol y guitarras sin Calore, Dottore Amore, ya no serán lo mismo. El Gallagher de Génova se va, dejándonos un gran hueco. Este y yo hemos compartido demasiado. Siempre estará a la cabeza de la lista de mitos de Helsinki. Seguidor 100% de la filosofía y del modo de vida erasmus. El último superviviente del viaje a Rusia.
Sólo Rusia pudo con nosotros.































