martes, 2 de noviembre de 2010

Rusia

Hoy no quiero simplemente contar mi viaje. Me apetece escribir imitando humildemente los libros del vagabundo Javier Reverte. Intentar hacer un retrato de Rusia tras lo que he visto en estos siete días. Contar cómo son sus gentes, su cultura, sus calles, la historia que precede allí a todo. Nunca he visto un país tan influido por su propia historia. Es imposible entender nada de lo que hay allí sin haber leído sobre la grandeza de la Rusia de los zares, sobre unos trabajadores atacando un palacio en busca de una utopía, sobre un régimen que cayó por su propio peso y sobre un presente repleto de contrastes.



San Petersburgo no era más que una zona pantanosa en la delta del río Neva hasta que el zar Pedro el Grande se propuso construir allí una capital europea con salida al mar. Para ello se rodeó de arquitectos italianos y franceses que, de la noche a la mañana, levantaron una ciudad neoclásica. Se dice que lo que mantiene fijo el suelo son los huesos de los miles y miles de trabajadores que murieron en su construcción. Pese a que San Petersburgo quedó destruida tras tres años de sitio y bombardeos nazis, esta parte de la ciudad se ha restaurado. Ahora se mezclan en ella los fastuosos palacios de la Rusia de los zares con una ciudad que no parece haberse recuperado de un régimen comunista que le hizo un daño irreparable. Y, como si de agua y aceite se tratase, no son capaces de mezclarse, no existe armonía. Cada paso que te alejas del Palacio de Invierno o de la Perspectiva Nevski entristece más. Las calles se van tornando grises y sucias. Coches de penosa maquinaria soviética lo invaden todo, creando un tráfico caótico y un aire irrespirable.

Rusia no es un país que recomiende para viajar por cuenta propia. Nadie habla inglés. Y cuando digo nadie es nadie, ni una mísera palabra. Nunca he visto gente más fría y antipática. La verdad es que definiría al ruso medio como una persona hija de la gran puta. Me he parado a preguntar a rusos con un mapa, me han mirado mal y han seguido con su camino sin pronunciar una palabra. Aprendí a decir gracias (algo así como "esvasila") pero dejé de decirlo porque nunca oí ningún agradecimiento de boca de un ruso. Un país que no trata bien a su turismo difícilmente prosperará económicamente.

El viaje tuvo un ambiente genial en todo momento. Fuimos 49 erasmus en una adecuadísima proporción de 70% chicas, 30% chicos. Pero no cualquiera vale para ser erasmus: salir todos los días hasta las 4 ó 5 de la mañana y estar al día siguiente a las 9 en pie no es fácil. En el ferry nocturno Helsinki-San Petersburgo celebramos el cumple de Andrés. Esta vez el ferry no fue tan claustrofóbico, incluso tuve un momento en cubierta pensando en cómo había cambiado todo últimamente, ¡maldita sea estoy yendo a Rusia en ferry! Inolvidable aquello de: Juan, ¿cómo se llamaba ésta?
El martes llegamos a San Petersburgo y fuimos directos a una visita guiada por la ciudad. El río Neva, la fortaleza de San Pedro y San Pablo, el buque Aurora y la impresionante Catedral de San Isaac. El Hermano Juan y sus historias estuvieron presentes en todo momento. Jamás se me olvidará aquella mañana de primero de bachiller en que nos contó la muerte de Rasputín.
Este es el cañón del buque Aurora desde el que se dió la señal a los bolcheviques para atacar el Palacio de Invierno, dando así comienzo a la Revolución Rusa.

Por la tarde hotel y una merecida ducha-siesta. Los hoteles eran de tres estrellas. Me tocó una habitación de minusválidos para mi solo, era como un campo de fútbol. Por la noche fuimos al pub Fidel Castro y llegó uno de los momentazos del viaje. Cruzarte con Ignacio, de Llanes, en un bar de San Petersburgo no tiene precio.

El miércoles visitamos el Palacio de la zarina Catalina, una residencia veraniega estilo rococó de los zares. Os daréis cuenta de que las fotos de este viaje van a mejorar mucho en calidad, ya que esta vez contábamos con Inés y su turbo cámara.
Esta es Steffi, la austríaca más grillada que he conocido en mi vida. Sabe más tacos en español que yo. En este momento estaba yo traduciendo una conversación entre patos, speaking duckish.


Por la tarde, Martina y yo fuimos a perdernos por San Petersburgo, lo que no pensábamos era que lo haríamos de forma tan literal. Tras 2 horas caminando conseguimos llegar a la Perspectiva Nevski, los canales, la catedral Kazan y el Palacio de Invierno. Io sto imparando italiano, e molto facile. Aquí fue cuando me enteré de que la prima Eva consiguió entrar en medicina. Estoy muy orgulloso de que lo consiguieras pequeñaja, el grito que pegué lo oyó toda la ciudad.
Esta es la plaza del Palacio de Invierno, en la que la Guardia imperial disparó contra miles de manifestantes pacíficos en el domingo sangriento. Enfrente se construyó un arco imitando el Arco del Triunfo de París, con él se conmemora la victoria del General Invierno sobre Napoleón.
Las catenarias invaden todo el cielo de S. Petersburgo.

Por la noche llegó uno de los planes a los que me había negado, pero para el que al final me convencieron. Y hay que reconocerlo, lo pasamos como unos enanos en el tour en limusina por San Petersburgo.
Al final acabamos Guillermo, Alex y yo en mi cuarto soltando una parida tras otra. Nos quedamos fritos dentro de lo que se podía entre tanto ronquido.
El jueves ninguno estaba para bromas tras una larga noche, pero tocaba una de las excursiones claves del viaje: el Palacio de Invierno, sede del Museo del Hermitage, una de las mayores pinacotecas del mundo. Lo siento papá, pero Dios da pan a quien no tiene dientes...Y a mí la pintura nunca me ha gustado, así que nos lo pasamos mejor buscando parecidos entre los erasmus y la gente de los cuadros. Sin embargo, el interior del palacio es impresionante.
¿Te gusta el palacio que he construido para ti zarina Inés?

Esta vez tomé notas en mi Moleskine, no quería olvidar ni un detalle. Tras una tranquila comida fuimos a la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, construida en el lugar donde fue asesinado el zar Alejandro II.
Encontreme con el coche de un paisanon por allí.

Por la noche, llegó uno de los tours que más me gustó. El crucero nocturno por los canales de San petersburgo y el río Neva. Botellas de champagne, música de discoteca y todos los edificios neoclásicos de la ciudad iluminados.
Esta foto es de propaganda soviética. El camarada de la Torre junto al buque Aurora, minutos antes de dar el cañonazo con el que comenzó la Revolución Rusa. Hasta el cielo se había teñido de rojo.

Fin de la estancia en San Petersburgo. Sólo quedaba un bus a la estación en el que el champagne hizo que los españoles sacáramos hasta la última de nuestras canciones de campamento. Éxito total de "Cornelio Pérez, el último gran torero". Los alemanes, capitaneados por Maximilian "el de los dos cigarrillos", intentaron imitarnos...Fueron patéticos. Tren nocturno a Moscú donde reponer fuerzas.

El viernes fuimos a la Plaza Roja de Moscú. De Moscú diría sin inmutarme que lo único que merece la pena ver es la Plaza Roja, pero es que no se trata de un sitio cualquiera. La Plaza Roja es uno de esos monumentos que te absorven, donde podrías pasar horas y horas girando en redondo admirando todo lo que hay allí. Justo cuando entramos empezó a nevar. Entre las murallas, está el Kremlin: lugar más antiguo de la ciudad desde donde se ha gobernado Rusia durante siglos. Está la Catedral de San Basilio. La leyenda cuenta que cuando fue terminada, el zar Iván el Terrible llamó a palacio al arquitecto y tras agradecer y admirar su trabajo, ordenó que le cegaran para que nunca pudiera volver a hacer algo tan bello. Está el mausoleo de Lenin. Te colocabas en el centro de la plaza e imaginabas los desfiles de soldados, tanques y lanzamisiles con los que los rusos demostraban su poder militar en la guerra fría. Esos adoquines negros han presenciado muchas páginas importantes de la Historia. Pasé por ella una y otra vez, de día y de noche...Nunca tenía suficiente.


Cuando comenzó el régimen comunista se trasladó la capital de San Petersburgo a Moscú, convirtiéndose así en el epicentro de la URSS. Tras haber hablado con algunos rusos me ha sorprendido que, al contrario de lo que yo pensaba, no han roto ni mucho menos radicalmente con el comunismo. En el kremlin vi flores frente a un busto de Stalin, del cual nunca llegaremos a saber cuántos millones de rusos mató. Muchos no ven el comunismo como algo malo, ni como algo bueno...Simplemente fue algo que pasó y no le dan más vueltas. Pero es que no hay manera humana de hacer eso en este país, las secuelas son demasiado grandes como para ignorarlas. No pude estar en la URSS, pero cuesta imaginarse escenarios peores. Ahora tendrán libertades políticas y podrán beber coca cola, pero Moscú no deja de ser horrible, una mole de hormigón y asfalto. Llegué a contar 13 carriles para coches en una calle. No hay semáforos, para cruzar búscate un paso subterráneo. La fea arquitectura soviética invade todas las calles. Sin embargo, hay que pensar que no deja de ser una atracción turística, en la cual basan la mitad de sus souvenirs y en torno a la que giran la mitad de sus monumentos.
Pongo de ejemplo, mismamente, nuestro hotel.

Por la tarde un paseo bajo la lluvia por Moscú y el metro. Algunas paradas de metro de Moscú son puntos turísticos por su decoración, muchas veces mosaicos de propaganda comunista. La verdad que es el metro más agobiante que he conocido en mi vida, hasta arriba de gente y sin ninguna ventilación. A la noche cayeron unas cervezas "tranquilas" en la habitación del hotel.

El sábado llegó el turno de visitar el Kremlin. Es un gran complejo de edificios administrativos, catedrales medievales y demás, todo dentro de una enorme muralla entre la Plaza Roja y el río Moscova. Allí tuvimos la suerte de ver un increíble cambio de guardia rusa.

Luego tuvimos una tarde tranquila de café y postales. Por la noche fuimos al circo moscovita. 

Los niños reían, los padres aplaudían, los erasmus dormían. Demasiado sueño acumulado. Sin embargo, y aunque no podíamos con nuestra alma, era la última noche en Moscú...Y todos sabíamos lo que había jajaja. Menuda noche. En Moscú para coger un taxi sólo tienes que estirar el brazo y en cinco segundos habrán parado tres coches clandestinos delante de ti. Por 300 rublos (menos de 8€, a dividir entre cuatro) un ruso condujo durante 45 minutos hasta el centro. Pobrecillo, yo le di algunos rublos más y una Heineken. En cuanto arrancó me encomendé a San Roque, a la Virgen de Covadonga y a todo lo que me sabía. El tipo nos dejó donde no era...Le buscamos en el atasco y nos condujo hasta otro sitio...Que resultó no ser tampoco, pero esta vez había huido. Simplemente encontramos unos rusos simpáticos disfrazados por Halloween y decidimos pasar la noche allí. Tengo que admitir que el vodka me jugó una mala pasada, pero oye era algo típico...
Tiene que quedar para siempre guardado la invasión en el cuarto de Karl, el que se quedó dormido roncando en el suelo, Carlos y Karl desaparecidos hasta las 2 del día siguiente sin contestar y la novia de Perico. What happens in Russia, stays in Russia.

El domingo fue uno de los días más duros de mi vida. Aún no se cómo me levanté de la cama. Robé sin querer una toalla del hotel que se había quedado entre mi ropa, bajé al desayuno cuando estaban cerrando y me metí diez croissants en los bolsillos, se me olvidó hacer el check-out y me fui con la llave magnética de la habitación en el bolsillo. La KGB me está buscando.

Fuimos al mausoleo de Lenin. Es, sencillamente, un sitio de mal gusto. Haces una hora de cola para entrar en esa pirámide donde está prohibido entrar con cámaras, móviles, bolsos. Está oscuro y sólo hay una luz roja alumbrándole. Intentan que tenga una solemnidad de la que creo que carece. Pobre Lenin, empieza a estar bastante podrido y la guía nos contó que tienen que estar venga a darle productos químicos, que una vez al año le tienen que sumergir en no se qué...No estaba yo para escuchar.

Por la tarde fuimos al Museo de la Guerra Fría. Es un bunker soviético donde te puedes hacer unas fotos con indumentaria militar y caminar por sus galerías. Al final te dan un menú militar con vodka incluido. Se lo bebió su p*ta madre.
Despachando ante la atenta mirada de Nikita Kruschev.

Y esto fue lo que dio de sí el viaje. Un último paseo por la Plaza Roja de camino al punto de encuentro. Tren nocturno Moscú-Helsinki. La verdad es que nos juntamos lo mejor de cada casa, lo pasamos como unos enanos y salieron muchos buenos fichajes para el futuro. Fin del gran viaje del erasmus. Vuelta a Finlandia. Vuelta a la gente agradable que habla un fluido inglés. Vuelta a este lugar que poco a poco voy llamando casa.

11 comentarios:

  1. juan!! increible de verdad!! me encanta tu blog!! y las fotos estan geniales. yo he estado en PRaga este fin de semana celebrando Halloween!!! un besito enorme y sigue disfrutando a tope!!

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  2. Pues yo si tuviera veintitantos tb valdria para Erasmus!!
    Camarada Juan,vaya vidorra que te pegas,ja,ja.En limusina y todo!!!!!
    Me ha encantado el miniresumen,me encantan esos palacios y esas plazas.
    Que gracia que te hayas encontrado al gemelo de Llanes,ya es casualidad.Besitos.

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  3. Enhorabuena a tu prima Eva,dile que haga cirugia estetica!!

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  4. Debía estar de moda eso de cegar a los creadores de grandes cosas, porque la leyenda del reloj astronómico de Praga cuenta lo mismooo xD

    Si la KGB me pregunta algún día por tí, te negaré como amigo eh? no quiero que me torturen para hallar tu paradero por haberte llevado la toalla y la llave del hotel!! jaja

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  5. ¡¡¡juanin... ya estamos de vuelta nosotros tambien.¡¡¡ y ya me he puesto al día....
    Como siempre FELICITARTE,.. por tus resúmenes... me encantan... ¡¡ que bien escribes cabrito¡¡¡....
    No sé quién es Itallame jejejeje... pero muchas gracias... ¡¡y creo que buena idea¡¡¡
    muchos besinos.....

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  6. Me encantaaaaaaaaaaa, me tienes totalmente enganchada primo!!! ya tenia gana que llegaras, jeje. Ya veo que lo pasaste genial eh! y el vodka.... en navidades te compro una botellina, jaja. Un besin!

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  7. Juan , tu prima Cris no quiere escribir aún. Ya sabes como es , aunque está al tanto de tus peripecias por allí arriba. Con el tiempo ya se animará.
    Me hace mucha gracia tu encuentro con Ignacio. El otro día me encontré con su madre y comentamos que no tardaríais en encontraros por allí. Le enseñé la foto a su tío Luis que es vecino mío y no tenía claro de si era Ignacio o Alfonso.
    Cuidado con lo de robar toallas "sin querer". Antes por menos de eso mandaban a la gente a Siberia pero si quieres seguir viajando igual te mandan alli gratis

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  8. mira colega no me vuelvo a meter en tu puto blog, k me kdo muerto del asco de la puta envidia luego toda la tarde jaj

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  9. Qué dios eres. La plaza roja tiene que ser de lo mejor que ha construído el hombre, sin duda. También quiero ir al Hermitage, y al Aurora (creo que me emocionaría al subir) y vamos, a Moscú en general... y por supuesto a la tumba de Lenin, que seguirá ahí, siempre incorruptible, luchando contra la podredumbre hasta que el mundo le necesite de nuevo.

    Aaaaaay. Y mientras, en Madrid no pasa nada. Nada que merezca la pena contar al menos.

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  10. jo...que envidia tio...te lo estas montando muy bien ehh??aprovecha todo lo que puedas...y sigue escribiendo...que gracias a ti se que en rusia hay mas cosas que frio y vodka jeje

    un abrazo ;)

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