miércoles, 23 de marzo de 2011

La chica de Regatta

Ayer me puse a pensar con Andrés en el mejor modo de enfocar la charla con los chavales del colegio. Nuestra lluvia de ideas dio muy buenos frutos, creo que a los chavales les va a gustar! Habéis sido poco originales. Más que temas para contarles, intentad pensar en cómo abordaríais a una clase de chavales para metéroslos en el bolsillo, qué método utilizaríais. Tampoco hace falta que os pongáis a ver El club de los poetas muertos, pero por ahí van los tiros.

Cambiando de tercio, recibí una notificación de que tenía en la oficina de correos un paquete "demasiado grande para ser entregado a domicilio" (literalmente en finés). Cómo mola esto de tener tantas tías que cuidan de su sobri como de un hijo. Yo voy a seguir dándole bola a esto en el blog, que se que os mola ser protagonistas por un día. Además, me da la sensación de que se está creando una especie de pique entre vosotras a ver quién es la mejor tía y me manda el paquete más grande, pique del cual yo soy el mayor beneficiado!!! Sabéis la expresión esa de "eres más pesado que un chon en brazos"? Pues así fue literalmente mi camino a casa desde la oficina de correos: cargar con un chon envasado al vacío y metido en una caja. Te pasaste un poco Ita ;)

Una vez en casa me di cuenta de que Manolo no había conocido Suommenlinna, la isla frente a Helsinki. Suommenlinna ha sido algo así como el mayor objetivo de las coñas del erasmus. Esta isla Patrimonio de la Humanidad no deja indiferente a nadie, o la amas o la detestas. Yo pertenecía al segundo grupo y Axelle siempre me tomaba el pelo con ir a dar una vuelta por allí alguna tarde. Lo que de verdad me atraía de ir allí era que el mar pronto comenzaría a descongelarse y no habría más oportunidades de navegar en un rompehielos. Así que cogí a Manolo, la cámara y fuimos para el muelle, pero la decepción al llegar fue máxima: los 7ºC de hoy en Helsinki habían acabado con la capa de hielo que cubría el Báltico.

Pobre Manolo, creo que ya nunca tendrá la oportunidad de conocer Suommenlinna, porque yo si no era por lo exótico de coger el rompehielos, no me vuelvo a acercar a esa mierda de isla ni a tiros. Sin embargo, ahí estaba él sentado en la trasera de mi bici con cara de: No me lleves a casa ahora. Así que nos fuimos a pegar unas pedaladas por todo Helsinki con destino final el Café Regatta, mi cafetería favorita de Helsinki.

Al llegar, lo primero en lo que me fijé fue que no estaba la camarera de siempre. Hoy la sustituía una guapísima finesa a la que nunca había visto por allí. Ni el mandil, ni el recogido de pelo le restaban una pizca a esa chica alegre que me dejó engatusado desde que entré por la puerta. Con pelo castaño oscuro y unos ojos azul imposible, ponía una sonrisa al atenderte que te hacía perder el hilo de lo que estabas pidiendo. Yo iba con la intención de tomar un simple café, pero me dijo con un tono tan encantador que si quería algo de postre, que no pude resistirme a pedirle un croissant...Eso es márketing y lo demás tonterías.

Por suerte, estaban cogidas todas las mesas del café menos mi favorita, esa que queda junto a la ventana por la que entra el sol de la tarde. Allí me senté y me teletransporté hasta el río Mississippi,  bajándolo en una balsa de troncos junto a Huckleberry Finn y Jim, el esclavo fugitivo. Curioso contraste con esa parte de mar no derretido totalmente que podía ver al otro lado de la ventana. Sin embargo, poco duró mi atención, ya que como comprobasteis hace poco, me sale un instinto fisgón cuando me siento en una cafetería, intentando descifrar lo que se cuece en las mesas que me rodean.

Hoy tenía enfrente a un desconocido francés "egasmús", como lo pronuncian ellos, con sus padres, que habían venido a visitarle. La conversación estaba caliente, así que puse mis mermados cinco sentidos de gabacho para intentar entender de qué trataba aquello. El padre estaba de mal humor, sentado de costado a la mesa, mirando hacia otro lado con cara de exasperación mientras su hijo explicaba lo que estaba haciendo en la universidad y exponiendo sus planes de futuro que, aunque no llegué a descifrar, no parecían satisfacer las previsiones de su padre. Sí que noté cierto pesar en el hijo, quejándose amargamente de lo mal que estaba la situación en Francia y de la ruina hacia la que se iban con Sarkozy. Parece que el pesimismo es una constante entre los jóvenes de Europa cuyo futuro laboral está a la vuelta de la esquina. El padre estallaba de vez en cuando y le soltaba una bronca a su hijo, que la recibía con la cabeza gacha mientras jugaba nervioso con un sobrecillo de azúcar en sus manos. Era en esos momentos cuando la madre, que había jugado siempre un papel neutral, cogía a su marido del brazo y le mandaba tranquilizarse, como pidiéndole que le dejara disfrutar de su hijo sin riñas durante la única semana que iba a poder pasar con él en todo el cuatrimestre.

De vez en cuando la camarera, que andaba tras la barra reponiendo bricks de leche y triturando café para la máquina, se soltaba y empezaba a cantar bajito las canciones que sonaban en la radio, cuyo hilo musical era algo así como el de la M-80 española. Apenas podías oírla, de hecho debía ser el único que lo hacía en la cafetería por estar en la mesa pegada a la barra, pero no la miré. No quería que me pillara escuchando y que se interrumpiera con un ataque de timidez finesa. La verdad es que What the world needs now is love no le quedó nada mal. ¡Venga, concéntrate! Unos farsantes se hacen pasar por familiares del rico del pueblo, recientemente fallecido, y así heredar su fortuna...Nada, no puedo. Ahora me llama la atención la gran cantidad de extranjeros que hay en la cafetería. Acaba de entrar una chica mexicana que practica conversación en castellano con una finesa y en la mesa de la izquierda hay un grupo de cuatro chicas que tampoco hablan finés, apostaría a lituanas o estonas. En resumen, sólo hay un finés leyendo el periódico en toda la cafetería.

Mientras, mi camarera sigue atendiendo a la clientela, que no deja de renovarse. No tiene tanta maña con el gracioso sistema de cuerda y poleas para cerrar la puerta como la chica antigua, pero el café le sale rico. Está en su punto de aguado y tiene buen aroma, lo cual es de agradecer en Finlandia.

Cuando el sol se va poniendo y me falta luz para seguir con el libro, decido que va siendo hora de volver a casa. Poco avance hoy en las aventuras de Huckleberry. Dejo la taza en la barra para ahorrarle trabajo, a lo cual me suelta un Thank you con la sonrisa más sincera y agradable que me han dedicado en meses. Yo, engatusado otra vez, respondo con un ahogado y casi incomprensible You're welcome mientras me dirijo tímido a la puerta. Me parece que voy a dejarme caer por Regatta más a menudo.


Suena...Hey Mr. Tambourine Man, en una muy buena versión by The Byrds.

6 comentarios:

  1. Ay!!Solo te mande el paquete para salir en el blog!!Espero que lo disfrutes!
    Describes tan bien el cafe que parece que estoy viendo a los franchutes de bronca y a la camarera!!!Si puedes una foto de ella,ya sabes lo curiosona que soy!!!
    Besines!!

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  2. Me gusta mucho la descripción de la tarde en el bar. Con un poco más sale un cuento como los que escribía Chéjov. Besos papa

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  3. Joer, yo estoy en España y no me meto entre pecho y espalda esos manjares eh??!! Lo que hace tener que suministrarte bien el dinero para llegar a fin de mes....=P Eso si, me vine de Santander con dos maletas repletas de comida casera de la mami y las abuelas jaja

    Mi idea para ganarte a los chavales es... llevarles un platito de embutido variopinto por gentileza de tu tiaaaa!! Verás como así te los metes en el bote y será todo más fácil!! jajaja

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  4. Vaya sorpresa lo del paquete eh!!! creo que tu idea de comer sano se te va a olvidar durante una temporada eh, jeje. Estoy con tu tía en lo de la foto de la camarera! jaja. Y me encanta la descripción que has hecho del bar y de la discusion de la familia, me estaba imaginando tomando un café y escuchándolo todo! un besin!!! Por cierto.... que tal un imán de Laponia??

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  5. Discrepo de tu padre.Me recuerdas a Guillermo con cara de pícaro "husmeando" lo que hay a tu alrededor.Es estilo Richmal Crompton.
    Sinceramente: tus crónicas enganchan.
    Un besín

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  6. Jajaja I still remember the text u sent me the first (and last?) time you went to Suomelina " Best place ever " ... I was thinking " thats weird...he is weird....or maybe suomelinna is not THAT bad..." and of course I never took manolo there, so u should, it is kind of an institution !

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